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MEDIOS/Lo que en verdad sucede

¡Se ha ido! Cómo un vloguero exhibe y ridiculiza el combate woke a la delincuencia con una visita a El Salvador

Quien dijera hace apenas un decenio que el Salvador tendría un futuro prometedor sería acusado de promover el humor negro. Pero hoy, cuando California se hunde en una espiral de corrupción, violencia y pobreza, la mano de un mandatario valiente ha hecho renacer a un país que pocos dudaban hasta hace muy poco enviarlo al cesto9 de la basura. Un vloguero pone la perspectiva de la realidad salvadoreña

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DICIEMBRE, 2024. La imagen que aún permanece entre muchos mexicanos en torno a El Salvador, el país más pequeño de Centroamérica, es el de una república bananera gobernada por generalotes y donde en los cerros la guerrilla está al acecho para realizar atentados. En fechas más recientes otra imagen es la de un país azotado por las pandillas maras salvatruchas y un país que exporta emigrantes incluso a México... ah sí, y un país al que México suele propinarle golizas y es un mero escalón de la Concacaf para clasificar al Mundial.

"Ese país apenas y cuenta con mercados ambulantes", dijo un amigo con el que platiqué hace un par de años en torno a El Salvador. ¡Sorpresa! En la zona centro de la capital existe La Gran Vía, un moderno mall que conecta con un complejo Cinépolis mediante un corredor encima de la calle. El mall está adornado con imágenes de la temporada navideña y en todos los locales hay gente, a diferencia de los malls norteamericanos semivacíos y con decenas de locales que llevan años abandonados.

La realidad que presenta el vloguero Metal Leo hace trizas, y polvo, todas esas ideas acerca de El Salvador, y bien algunas de ellas fueron ciertas en el pasado, el pequeño país tiene mucho mejores expectativas que México, que el año pasado siguió votando por la misma receta que produce miseria, corrupción y delincuencia.

Metal Leo es un vloguero radicado en el área de San Francisco y suele recorrer sus calles para presentarnos infinidad de locales cerrados gracias las inteligentes medidas tomadas por los legisladores de California y, claro, por su estulto gobernador Gavin Newsom, entre ellas el aumento del salario mínimo a 20 dólares la hora. Como consecuencia, cientos de locales en el área cerraron sus puertas, entre ellos restaurantes, boutiques y otros comercios legendarios, incluso muchos de ellos fundados en el siglo XIX.

Otros más, entre ellos la famosa cadena McDonald's, han tomado una solución más sencilla: despidieron al personal y lo sustituyeron por máquinas que, dice el vloguero, "no protestan por trabajar horas extras, no demandan a la empresa si son despedidos y si se descomponen, lo más que cuestan a la empresa es un técnico que cambia unas piezas y las echa a andar de nuevo"... y otra que este magnífico vloguero olvidó mencionar: tampoco se quejan de ser víctimas del racismo cuando se les llama la atención ni exigen la creación de sindicatos que terminan por hundir sus fuentes de trabajo.

Metal Leo es un vloguero con acento latino que se distingue por la frase Gone Now! (¡Se ha ido!) cuando ve un local en quiebra que todavía tiene su nombre en el frente o el mobiliario aún en interiores. "Infinidad de vlogueros que nos muestran locales cerrados, sitios abandonados o gente viviendo en las calles hacen mucho mejor trabajo periodísticos que esos supuestos periodistas que creen que lo peor que le ha pasado a este país es Donald Trump", dijo recientemente el vloguero Matt Walsh. "Estos vlogueros representan la realidad de este país y lo ruinosas que han resultado las políticas socialistas que ya han fracasado en todo el mundo".

Recientemente Metal Leo viajó a El Salvador para atestiguar los cambios que ha experimentado un país que hasta poco más de una década era considerado candidato al bote de la basura. Metal Leo nos muestra una ciudad con actividad comercial y donde resalta que "me siento seguro y no tengo que estar volteando sobre mi espalda a cada rato como sucede en California" y agrega: "la fórmula es muy sencilla: si cometes un delito, por más pequeño que sea, vas a prisión".

Con frecuencia olvidamos o procuramos no recordar cómo era la vida en El Salvador apenas en el 2019 cuando Nayib Bukele llegó al poder. Apenas los comerciantes abrían las puertas de sus negocios al amanecer, unos sujetos con tatuajes hasta en el rostro llegaban en motocicletas y exigían el pago de "protección" para poder operar. Quien se negara a pagar la "cuota" podría ver incendiado su establecimiento al día siguiente o, peor aún, su familia podía sufrir daño físico.

Como consecuencia, los precios de los productos eran inusualmente altos, un fenómeno al que el economista Ian Vázquez ha llamado "la inflación del terror", es decir, cargar al consumidor con precios más elevados para poder costear ese "derecho de piso" y que en México vemos frecuentemente con las desmesuradas alzas que se han dado en productos como el limón y el aguacate, producidos en Michoacán y donde los agricultores deben pagar "cuotas" a los cárteles para que sus productos puedan salir al resto del país.

Los dos mandatarios anteriores a Bukele procedían del FMLN, ex grupo guerrillero protagonista de una guerra civil que duró más de dos décadas hasta que se firmó la paz. Y al igual que el peje López, el FMLN era promotor de una política de combate al crimen similar al "abrazos no balazos" del ex mandatario mexicano. En respuesta, los maras y otros grupos delincuenciales prácticamente se adueñaron de la capital y las principales comunidades de El Salvador. A las 6 de la tarde las calles quedaban vacías, aterrorizadas por esas bandas que incluso reclutaban a menores de edad.

El mundo también parece olvidar cómo la prensa se burlaba de Bukele cuando éste anunció que como primer compromiso de campaña bajaría los niveles de delincuencia "a niveles no vistos en décadas". Luego de llamarle "demagogo", el diario español El País lo acusó de "prometer imposibles", lo mismo que el inefable The New York Times, el cual vaticinó en una editorial publicada ese año "cómo el pueblo se levantará (contra Bukele) cuando vea que sus promesas fueron una cubeta de engaños".

Cuando Bukele encerró no solo a los cabecillas de los maras sino a todos sus miembros (una medida lógica; hemos visto en México que la caída del líder trae consigo guerras internas y más violencia al desatarse la lucha por el poder entre las bandas), los índices de delincuencia se desplomaron de un 75 a un 9 por ciento en apenas ocho meses. El infaltable Andrés Oppenheimer, otrora un gran periodista hoy vendido al estercolero woke, acusó a Bukele de "violar los derechos humanos" aunque antes de ello Oppenheimer no publicó una sola columna donde denunciara la violación a los derechos humanos de quienes eran maniatados, secuestrados, golpeados y ultimados por los maras por negarse a ser extorsionados.

 

Otro artículo, éste publicado por The Guardian, resaltaba el "fracaso" de la estrategia de Bukele pues, argumentaba, "los hechos violentos provocados por el consumo de alcohol, así como el abuso doméstico, siguen presentando altos niveles y de ello el Estado salvadoreño jamás habla". Los elevados niveles de alcoholismo tienen mucho que ver con un país que estuvo casi dos décadas en guerra civil y a los altísimos niveles de estrés en que vivía la sociedad hace apenas un lustro. Todo el país sufría una violencia continua, pero esos actos ya son aislados, como los pleitos de borrachitos en cantina, muy alejados de los duelos a balazos que se deban entre bandas rivales salvatruchas.

El País, El Universal de México y otros corifeos igualmente han insistido en que Bukele "planea cambiar la Constitución para adecuarla a su conveniencia", medios que guardaron silencio cuando Chávez hizo lo propio en Venezuela o de cualquier otro mandatario de izquierda que convoca un nuevo constituyente.

Durante el gobierno de Bukele ha resucitado una industria que llevaba años muerta: el turismo. El país tiene atractivos históricos y una riqueza ecológica que rivalizan con los de Costa Rica. También es un plus la belleza y el deslumbrante atractivo físico de las mujeres salvadoreñas consecuencia que, se cuenta, es producto de la singular mezcla étnica que el país ha experimentado en su historia, en especial por inmigrantes llegados de todo el mundo a principios del siglo XX cuando El Salvador era un poderoso polo de desarrollo. En consecuencia, están por abrirse nuevas rutas aéreas, incluso con países asiáticos donde el "experimento Bukele" ha provocado enorme curiosidad y entusiasmo no solo entre la población civil sino en los inversionistas japoneses, coreanos y hasta de Singapur que buscan abrir negocios en la zona antes que el monstruo chino acapare la actividad comercial.

Metal Leo se pregunta en uno de sus recorridos por El Salvador cuál país es realmente el desarrollado y cuál es el que está en decadencia. "Hasta hoy no he visto una sola carpa con gente viviendo en las banquetas, no he visto jeringas tiradas en las calles ni las calles huelen a orines o cosas peores", refirió. Un apestadero que se da, agregaríamos, cuando a la ley se la da un carácter discrecional y absurdamente tolerante, como ocurrió en California, alguna vez considerado el "estado ejemplo" de la Unión Americana.

 

 

 

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