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Hasta nunca, Biden: se larga el peor presidente
de la era moderna

Sus cuatro años de gobierno fueron desastrosos, espeluznantes, saturados de corrupción  y excremento woke sin que en ningún momento este presidente aceptara, siquiera una sola vez, que se haya equivocado. Ojalá el pueblo norteamericano haya aprendido la lección: votar con el sentido común, no con los sentimientos y desconfiando de la asquerosa manipulación de la prensa norteamericana

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ENERO, 2025. Como esos inquilinos descontentos que destruyen el lavabo,
pintarrajean las paredes y rompen los vidrios de la residencia que estuvieron rentando, Joe Biden hizo exactamente lo mismo antes de finalmente largarse de la Casa Blanca. La diferencia es que su desquite no se enfocó en el mobiliario de ese recinto, sino en algo todavía más perjudicial, la estructura judicial de los Estados Unidos.

Parece ser más una encomienda que otra cosa: el destruir las instituciones norteamericanas con medidas insensatas y falta absoluta de sentido común fue también la práctica común del ex alcalde de Nueva York Bill DiBlasio y del
gobernador de California Gavin Newsom. Sin embargo Biden ha resultado peor que ellos -- bueno, falta ver cuál será la reacción de Newsom cuando finalmente lo echen a patadas-- y en los últimos días de su gobierno abusó hasta donde pudo de sus atribuciones presidenciales.

Ya semanas antes Biden volvió a traicionar sus propias palabras de que "se apegaría a las leyes" respecto a su hijito Hunter Biden cuando en una acción ejecutiva lo "perdonó" de toda persecución judicial en su contra junto con alrededor de 2,500 reos de alta peligrosidad a quienes conmutó sus condenas. Incluso horas antes de largarse, Biden firmó otra acción ejecutiva que retiraba todos los cargos hacia quienes investigaban lo ocurrido el 6 de enero del 2021 --señal clara que se trató de una abierta persecución política hacia Trump--y también otorgó, por si hacía falta, absoluta inmunidad al doctor Fauci, responsable de que el manejo de la pandemia hubiera costado muchas muertes y sufrimiento debido a sus insensatas y contradictorias declaraciones.

No se recuerda en la historia reciente un abuso del poder tan descarado como el realizado por Joe Biden y que al mismo tiempo haya contado con el apoyo vergonzoso de los grandes medios que en todo momento escondieron o relativizaron sus trapacerías.

Y por si se requería mayor cinismo, Biden emitió su discurso final donde advertía del "peligro" que representa "la amenaza de la desinformación luego que estas plataformas han decidido no verificar las noticias que ponen en riesgo nuestra democracia y nuestras instituciones". Cuando esas plataformas fueron obligadas por el gobierno de Biden a "cancelar" las cuentas que incomodaban el discurso oficial al referirse a la laptop de su hijito Hunter eran celebradas por el exmandatario, pero ahora son cómplices de Trump.

La cadena de vergüenzas que deja Joe Biden supera, por distancias siderales, a sus logros los últimos cuatro años. Por lo menos Jimmy Carter, el último peor presidente de la era moderna hasta la llegada de Biden, logró la firma del Tratado de Paz entre Egipto e Israel, la entrega del Canal de Panamá y aprobó una ley que protegía al pequeño comercio del embate de los megacentros comerciales (las llamadas tiendas
"de mamá y papá"), iniciativa que luego sería echada para atrás por su correligionario Bill Clinton. Pero de Biden no hay absolutamente un logro positivo, algo loable por lo que sea recordado las décadas siguientes.

En contraste, el legado maldito que Biden deja a Donald Trump es inconmensurable, del mismo tamaño de la deuda interna de Estados Unidos la cual estima el analista Victor Davis Hanson, creció 560 por ciento en los últimos cuatro años: "Durante los ocho años de la presidencia de George W. Bush, la deuda creció 340 por ciento y
los demócratas denunciaban ese 'endeudamiento insensato'. Pero ahora que se
superó esa marca en apenas cuatro años, ni un solo legislador de ese partido ha levantado la voz", escribe Davis Hanson.

La inflación alcanzó un escandaloso 19 por ciento durante el gobierno de Biden, un fenómeno que el Departamento del Tesoro (equivalente a la Secretaría de Hacienda) aseguró sería "temporal" hace casi cuatro años. El precio del galón de combustible arañó los 6.50 dólares (casi 130 pesos, más caro que la gasolina en México) al tiempo que el poder adquisitivo del norteamericano promedio perdió un 40 por ciento de su valor los últimos 48 meses. "En enero del 2021 podías surtir tu despensa básica con 130 dólares; cuatro años después necesitas 178 dólares para comprar los mismos productos", escribe Hanson.

El manejo de la pandemia por parte de Biden fue tan catastrófico que provocó enormes pérdidas no solo humanas sino económicas. "Mientras Suecia aplicó las medidas sanitarias básicas sin obligar al confinamiento y fue de los primeros país en desactivar la emergencia, Estados Unidos empleó medidas que hoy se ve que fueron contraproducentes". Previsiblemente, el mandatario rehusó toda responsabilidad y acusó a Trump de la pandemia. (El "perdón" de Biden al doctor Fauci prácticamente deja impune al causante de enlutar cientos de hogares en Estados Unidos, sobre todo adultos mayores, quienes fueron confinados en asilos donde le virus se diseminó a sus anchas dadas las débiles defensas de la población de edad avanzada).

Los medios de comunicación no cesan de aludir al retiro de las tropas norteamericanas en Vietnam en 1975 pero a Neftlix es hora que no se le ocurre crear un documental sobre la vergonzosa salida de Estados Unidos de Afganistán, una auténtica humillación que de haberle ocurrido a un presidente republicano, habría sido motivo para entablarle juicio político. Por supuesto Biden culpó a Trump de ese ridículo histórico.

Las tremendas metidas de pata, sus acercamientos impropios con mujeres, incluidas menores de edad, el tener en el garage de su casa documentos clasificados, el pasarse el 40 por ciento del tiempo en su residencia en New Hampshire, el tomarse vacaciones cada dos semanas, el hacerse tonto con la invasión a Ucrania y en vez de ello transferir jugosos empréstitos al gobierno de ese país al mismo tiempo que se obligaba a los contribuyentes norteamericanos a pagar más impuestos, el abrir la puerta a la inmigración ilegal, una "bendición" --como llegó a llamarla Biden-- que entre otras cosas importó al país la banda delictiva venezolana Tren de Aragua.

Y agréguese como cerecita el deterioro mental de Biden, una vergüenza total. El que Estados Unidos haya aguantado todo ello durante cuatro años nos habla de un país que, pese a su decadencia, aún le quede buena parte de es espíritu que lo convirtió en potencia mundial. El apocalíptico gobierno de Joe Biden no pudo aniquilarlo. Y todavía amenazó con prolongar esa catastrófica receta postulando para la presidencia a Kamala Harris.

La revista TIME advirtió en 1981, días antes de la toma de posesión de Donald Reagan: "Los Estados Unidos atraviesan por un periodo de decadencia que, se advierte, puede ser definitivo: la URSS se perfila como un formidable enemigo que reta la supremacía norteamericana, y ese reto es apenas uno de los tantos que enfrentará el (presidente electo) Reagan". Diez años después el "formidable enemigo" había desaparecido y Estados Unidos alcanzaba otra era de grandeza.

Es de esperarse que ese país nunca más vuelva a tener otro Joe Biden en la presidencia. Este sujeto debe recluirse el resto de sus días en el sótano de su casa en New Hampshire para ya no salir de ahí. Ojalá lo único que sepamos de él en el futuro sea su obituario.
 

 

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