Otros textos de Y Demás
La loser del 2024: Kamala Harris
Un karma-la que cae sobre la estupidez
demócrata: ojalá ahora sí aprendan la lección
La de Kamala Harris, la peor campaña demócrata
en décadas
De "gran líder" a depuesto,
traicionado y humillado: el patético final de Joe Biden
El ya basta de Gran Bretaña en
torno a la inmigración indiscriminada
Archivo
|
|
INTERNACIONAL/

Salúdame a
nuncavuelvas, Justin Trudeau
Tras
casi una década como el peor primer ministro en la historia de
Canadá, este júnior de la político se vio obligado a renunciar,
presionado incluso por los miembros de su mismo partido, y deja una
economía destruida, un flujo migratorio descontrolado y la peor
inflación en décadas. Sin embargo y pese a tener un índice de
aceptación del 14 por ciento, Justin Trudeau amenaza con seguir
haciendo más daño, en complicidad con la Corona inglesa. Veamos en
asunto
Versión impresión
ENERO, 2025. Por lo general, referirnos a un
Estado fallido nos trae de inmediato a las repúblicas bananeras de
Centroamérica o a buena parte de los países de África, pero nunca a
una de las economías más poderosas del planeta y un constante imán
para los inmigrantes pese a sus inmisericordes temperaturas.
Canadá empieza el 2025 como un virtual estado fallido, y uno que los
últimos años ha perdido uno de sus principales baluartes: la
libertad de expresión. Quien visite el país del maple, se conecte a
Internet y quiera visitar páginas como washingtonbeacon,
nationalreview o infowars, que han sido constantes críticas de su
primer ministro, descubrirán que su acceso ha sido bloqueado,
práctica copiada del gobierno chino.
Del mismo modo, tampoco es posible consultar ahí las páginas web, ni
sus perfiles en facebook e Instagram, del analista político Mark
Steyn y del psiquiatra Jordan Petterson. ambos canadienses y
considerados "enemigos personales" por Justin Trudeau, quien de la
palabra amenazante ha pasado a los hechos.
Sobre el primero pesan al menos dos procesos penales por
"difamación" y a Petterson la universidad que le expidió su título
amenazó con retirárselo si no asistía a una sesión de
"reeducamiento", algo a lo que Petterson naturalmente se negó.
"Prefiero perder un título universitario a perder mi dignidad",
respondió Petterson.
(A Steyn se le acusa de haber proporcionado al periódico The New
York Post una fotografía del ex ministro Trudeau con el rostro
pintado de negro, portando un turbante y sacando burlonamente la
lengua... esa fue su "difamación", mientras que Petterson se le
retiró su título no por hacer mal uso de él sino por difundir "notas
falsas", el equivalente a que a un dentista se le prohibiera ejercer
por aparecer en público portando una gorra MAGA).
En menos de una década, Justin Trudeau ha destruido buena parte de
la esencia canadiense: inmigración indiscriminada que ha llevado a
ciudades como Montreal, Toronto y Vancouver a tener "ciudades
perdidas" --antes llamadas ghettos-- donde esos inmigrantes han
impuesto sus propias leyes y ni siquiera la policía puede entrar a
ellas; quema de templos católicos ante lo cual el Estado se limita a
llamar "vándalos" a los responsables pero no se preocupa en
perseguirlos. Y al igual que en California, se ha aplicado un doble
rasero contra los presuntos delincuentes que pertecenen a minorías
raciales lo que ha llevado a una ola de delitos en las ciudades que
hasta hace poco se contaban entre las más seguras del mundo.
La epidemia del Covid sacó a flote el totalitarismo de Justin
Trudeau. Cientos de camioneros ejercieron su derecho constitucional
a no aplicarse la vacuna (de acuerdo a la ley canadiense, ninguna
persona mayor de 21 años puede ser obligada a recibir tratamiento
médico mientras esté consciente) y bloquearon el Palacio de Gobierno
en Ottawa. Como respuesta salida directamente de la novela 1984
de Orwell, los bancos "congelaron" las cuentas de los manifestantes
y ahorcaron la financiación del movimiento. Varios líderes del
movimiento siguen en prisión, lo que incluso le valió a Trudeau una
nota de protesta por parte de Amnistía Internacional.
De acuerdo al analista Steyn, Canadá es una suerte de "tubo de
ensayo" de las políticas woke, como se vio cuando asfixiaron
esas protestas en Ottawa, "un insólito contubernio entre el Estado y
las instituciones financieras para imponer un sistema totalitario",
escribió. Apenas cabe recordar que Canadá es un hervidero woke,
una marabunta que desde el 2015, el primer año de Trudeau y algo
nada casual, ha acaparado la educación, la literatura, el
entretenimiento y la cultura en general.
La televisión transmite casi en su totalidad basura woke
reflejada en personajes trans, no-binarios mientras en los anuncios
comerciales cuando aparecen matrimonios son invariablemente de razas
distintas. La Canadian Broadcast Network (CBC) incluso transmitió un
programa donde menores de edad aparecían vestidas con ajustadas
minifaldas y rostros exageradamente maquillados o realizaban pole
dancing aunque eso sí, el elenco de las chiquillas era
multicultural. Ante las protestas el programa fue retirado, pero la
mayoría de los programas mantienen un asqueroso perfil woke.
Lo mismo puede decirse de las librerías donde los "best sellers",
aunque nadie los esté comprando, son igualmente porquería woke.
El analista argentino radicado en Canadá, Pablo Muñoz Iturrieta,
realizó una visita a la librería más grande de Toronto y encontró
títulos de autores no woke hasta el fondo del
establecimiento, "libros arrumbados, como colocados a la fuerza, la
mayoría de ellos ediciones viejas y sin descuento en sus precios. En
contraste, los anaqueles del frente estaban hasta el tope de autores
woke. De 50 autores que revisé, solamente tres de ellos eran
blancos". Y algo que Muñoz Iturrieta dice "no me extrañó en
absoluto, no encontré un solo autor contemporáneo blanco con un
título no woke en los estantes, como si esos autores hubieran
dejado de existir en la sociedad canadiense. Esto es alarmante para
un país que por décadas ha producido escritores, novelistas y
literatos de gran calidad".
Y ahora sí, vayamos al autor de este caos, un tipejo cuyo mayor
mérito en la vida es haber sido hijo de Pierre Trudeau, un político
que llevaba la misma encomienda de destruir Canadá pero fue
depuesto a tiempo, y de una socialité que pasaba las noches bailando
en la disco Studio 54 y abrazándose, más que amigablemente, con Mick
Jagger. (Durante un reciente concierto, el legendario cantante hizo
una pausa para "manifestar mis saludos a su ministro y amigo mío,
Justin Trudeau" y en respuesta recibió una mezcla se silencio y
silbatinas. Con rostro desconcertado y de haber metido la pata,
Jagger empezó a entonar otra canción y ya no volvió a tocar el
asunto a lo largo del concierto).
La señora Trudeau gustaba de pasar temporadas sola en una residencia
que la pareja tenía cerca de La Habana y que solía visitar sola
luego de discutir con su marido, de ahí el rumor del parecido "más
que sorprendente" de Justin Trudeau con el ya fallecido dictador
caribeño, como tampoco parece ser casualidad la advertencia del
gobierno de que cualquier "alteración" del rostro del jovenzuelo
Trudeau en las redes sociales --es decir, ponerle barba-- será
interpretado como "nota falsa" y podría ser incluso objeto de
persecusión penal. No estamos hablando de Irán, Zimbabwe o la
Venezuela de Maduro, sino de Canadá, que hasta antes de Justin
Trudeau gozaba de una libertad de expresión casi irrestricta.
Desde el principio de su gobierno, Justin Trudeau abrió
irrestrictamente las puertas al movimiento woke al punto que
en sus primeros discursos dijo que "mis pronombres son he/him";
incluso exigió que algunas representaciones diplomáticas canadienses
ondearan la bandera LGBT, excepto en los países islámicos claro, lo
que evidenciaba la hipocresía del hoy ex primer ministro. "Más que
en Estados Unidos, Gran Bretaña o Australia, lo woke ha
invadido hasta el último rincón de la vida de los canadienses", dijo
Muñoz Iturrieta en uno de sus videos. "Esto ha traído como
consecuencia una polarización sin precedentes en la sociedad
canadiense.
Desde el 2014, de acuerdo a un reciente artículo escrito por Kirsten
Fleming en The New York Post, "desde el 2013 la inmigración
procedente de India creció un 313 por ciento, algo que representa un
alto costo para el Estado y que deben financiar los ciudadanos
abrumados de impuestos". Asimismo Trudeau "pidió perdón" a la
comunidad nativoamericana "por el pasado colonialista de Canadá".
Por cierto, a Trudeau nunca se le ocurrió disculparse por las tres
fotografías donde aparece con el rostro pintado de negro y se le ve
con un turbante hindú. Ante las acusaciones, Trudeau respondió que
"ya no recordaba esos episodios", pero como ahora es promotor de la
porquería woke, a nadie se le ocurrió "cancelarlo".
La "movida" de Trudeau antes de largarse
El anunció de Trudeau, sin embargo, ha metido a Canadá en un vacío
de poder que se prolongará hasta marzo. En el ínter, el gigantesco
país no tendrá gobierno.
Poca gente sabe que Inglaterra tiene facultad para autorizar o
cerrar el Parlamento canadiense. El acuerdo logrado con Trudeau
indica que, con la renuncia, Londres aplazó el funcionamiento de ese
recinto hasta marzo, esto para evitarle un juicio político al ex
primer ministro y convocar elecciones hasta esa fecha. Son embargo,
el partido liberal conserva el derecho a "postular" a alguien más de
aquí hasta el próximo marzo.
Entre los "probables" se maneja a Christya Freeland, quien hasta el
pasado diciembre estuvo al frente del Ministerio de Economía y quien
hasta el momento había sido "mano derecha" de Trudeau, o más bien
mano izquierda: La mujer forma parte de la Organización Mundial del
Comercio, es arquitecta del ruinoso esquema financiero de Trudeau y
tiene fama de ultrawoke. Sin embargo y dado que las encuestas
dan a Trudeau un ínfimo 14 por ciento, se considera que el repudio
cada vez mayor a todo lo woke sepultaría políticamente al
partido liberal si Freeland asumiera el puesto.
"Nada puede salvar ya al partido de Trudeau", dijo recientemente
Muñoz Iturrieta en un podcast. "El siguiente gobierno seguramente
será conservador, representado en Pierre Poilievre, quien cuenta con
un abrumador respaldo en las encuestas". Por supuesto que los medios
oficialistas canadienses han advertido que Poilievre es "una
repetición de Trump", pero ello ha tenido un efecto contraproducente
entre la opinión pública. "Las elecciones recientes en Estados
Unidos tuvieron un enorme eco en Canadá", refirió Iturrieta, "los
liberales en el país tienen todas las de perder con un republicano
en la Casa Blanca".
Sin embargo la renuncia de Trudeau se vio obligada más por la guerra
interna en el gabinete y la advertencia de Donald Trump para
aumentar los aranceles. La opinión pública canadiense parece haber
aceptado calladamente las imposiciones y la pérdida de muchas de sus
libertades individuales, quizá atemorizada a ser tachada de
"racista" y "homofóbica" si se atreviera a protestar ante la
desbocada inmigración y la defensa de su herencia cultural.
Por lo pronto son buenas noticias: otro gobierno "progresista" que
se va al carajo en menos de dos meses. Ojalá que España, el otro
"tubo de ensayo" del wokeísmo, siga pronto el mismo sendero, lo
mismo que la dictadura madurista en Venezuela. Asimismo, hay que ser
optimistas de que en México ocurrirá algo similar, si bien quizá
aquí las cosas tarden más tiempo dado que el gobierno claudista aún
vive su luna de miel con el electorado.
Textos relacionados
Justin Trudeau y su aberrante hipocresía:
democracia a mi conveniencia [Marzo, 2022]
¿Desea opinar sobre
este texto?
oscar_maderecho@gmail.com
ofmart@hotmail.com
0 opiniones
© copyright, Derechos Reservados, 2019 |