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INTERNACIONAL/

Salúdame a nuncavuelvas, Justin Trudeau

Tras casi una década como el peor primer ministro en la historia de Canadá, este júnior de la político se vio obligado a renunciar, presionado incluso por los miembros de su mismo partido, y deja una economía destruida, un flujo migratorio descontrolado y la peor inflación en décadas. Sin embargo y pese a tener un índice de aceptación del 14 por ciento, Justin Trudeau amenaza con seguir haciendo más daño, en complicidad con la Corona inglesa. Veamos en asunto

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ENERO, 2025. Por lo general, referirnos a un Estado fallido nos trae de inmediato a las repúblicas bananeras de Centroamérica o a buena parte de los países de África, pero nunca a una de las economías más poderosas del planeta y un constante imán para los inmigrantes pese a sus inmisericordes temperaturas.

Canadá empieza el 2025 como un virtual estado fallido, y uno que los últimos años ha perdido uno de sus principales baluartes: la libertad de expresión. Quien visite el país del maple, se conecte a Internet y quiera visitar páginas como washingtonbeacon, nationalreview o infowars, que han sido constantes críticas de su primer ministro, descubrirán que su acceso ha sido bloqueado, práctica copiada del gobierno chino.
Del mismo modo, tampoco es posible consultar ahí las páginas web, ni sus perfiles en facebook e Instagram, del analista político Mark Steyn y del psiquiatra Jordan Petterson. ambos canadienses y considerados "enemigos personales" por Justin Trudeau, quien de la palabra amenazante ha pasado a los hechos.

Sobre el primero pesan al menos dos procesos penales por "difamación" y a Petterson la universidad que le expidió su título amenazó con retirárselo si no asistía a una sesión de "reeducamiento", algo a lo que Petterson naturalmente se negó. "Prefiero perder un título universitario a perder mi dignidad", respondió Petterson.

(A Steyn se le acusa de haber proporcionado al periódico The New York Post una fotografía del ex ministro Trudeau con el rostro pintado de negro, portando un turbante y sacando burlonamente la lengua... esa fue su "difamación", mientras que Petterson se le retiró su título no por hacer mal uso de él sino por difundir "notas falsas", el equivalente a que a un dentista se le prohibiera ejercer por aparecer en público portando una gorra MAGA).

En menos de una década, Justin Trudeau ha destruido buena parte de la esencia canadiense: inmigración indiscriminada que ha llevado a ciudades como Montreal, Toronto y Vancouver a tener "ciudades perdidas" --antes llamadas ghettos-- donde esos inmigrantes han impuesto sus propias leyes y ni siquiera la policía puede entrar a ellas; quema de templos católicos ante lo cual el Estado se limita a llamar "vándalos" a los responsables pero no se preocupa en perseguirlos. Y al igual que en California, se ha aplicado un doble rasero contra los presuntos delincuentes que pertecenen a minorías raciales lo que ha llevado a una ola de delitos en las ciudades que hasta hace poco se contaban entre las más seguras del mundo.

La epidemia del Covid sacó a flote el totalitarismo de Justin Trudeau. Cientos de camioneros ejercieron su derecho constitucional a no aplicarse la vacuna (de acuerdo a la ley canadiense, ninguna persona mayor de 21 años puede ser obligada a recibir tratamiento médico mientras esté consciente) y bloquearon el Palacio de Gobierno en Ottawa. Como respuesta salida directamente de la novela 1984 de Orwell, los bancos "congelaron" las cuentas de los manifestantes y ahorcaron la financiación del movimiento. Varios líderes del movimiento siguen en prisión, lo que incluso le valió a Trudeau una nota de protesta por parte de Amnistía Internacional.

De acuerdo al analista Steyn, Canadá es una suerte de "tubo de ensayo" de las políticas woke, como se vio cuando asfixiaron esas protestas en Ottawa, "un insólito contubernio entre el Estado y las instituciones financieras para imponer un sistema totalitario", escribió. Apenas cabe recordar que Canadá es un hervidero woke, una marabunta que desde el 2015, el primer año de Trudeau y algo nada casual, ha acaparado la educación, la literatura, el entretenimiento y la cultura en general.

La televisión transmite casi en su totalidad basura woke reflejada en personajes trans, no-binarios mientras en los anuncios comerciales cuando aparecen matrimonios son invariablemente de razas distintas. La Canadian Broadcast Network (CBC) incluso transmitió un programa donde menores de edad aparecían vestidas con ajustadas minifaldas y rostros exageradamente maquillados o realizaban pole dancing aunque eso sí, el elenco de las chiquillas era multicultural. Ante las protestas el programa fue retirado, pero la mayoría de los programas mantienen un asqueroso perfil woke.

Lo mismo puede decirse de las librerías donde los "best sellers", aunque nadie los esté comprando, son igualmente porquería woke. El analista argentino radicado en Canadá, Pablo Muñoz Iturrieta, realizó una visita a la librería más grande de Toronto y encontró títulos de autores no woke hasta el fondo del establecimiento, "libros arrumbados, como colocados a la fuerza, la mayoría de ellos ediciones viejas y sin descuento en sus precios. En contraste, los anaqueles del frente estaban hasta el tope de autores woke. De 50 autores que revisé, solamente tres de ellos eran blancos". Y algo que Muñoz Iturrieta dice "no me extrañó en absoluto, no encontré un solo autor contemporáneo blanco con un título no woke en los estantes, como si esos autores hubieran dejado de existir en la sociedad canadiense. Esto es alarmante para un país que por décadas ha producido escritores, novelistas y literatos de gran calidad".

Y ahora sí, vayamos al autor de este caos, un tipejo cuyo mayor mérito en la vida es haber sido hijo de Pierre Trudeau, un político que llevaba la misma encomienda de destruir Canadá pero fue depuesto a tiempo, y de una socialité que pasaba las noches bailando en la disco Studio 54 y abrazándose, más que amigablemente, con Mick Jagger. (Durante un reciente concierto, el legendario cantante hizo una pausa para "manifestar mis saludos a su ministro y amigo mío, Justin Trudeau" y en respuesta recibió una mezcla se silencio y silbatinas. Con rostro desconcertado y de haber metido la pata, Jagger empezó a entonar otra canción y ya no volvió a tocar el asunto a lo largo del concierto).

La señora Trudeau gustaba de pasar temporadas sola en una residencia que la pareja tenía cerca de La Habana y que solía visitar sola luego de discutir con su marido, de ahí el rumor del parecido "más que sorprendente" de Justin Trudeau con el ya fallecido dictador caribeño, como tampoco parece ser casualidad la advertencia del gobierno de que cualquier "alteración" del rostro del jovenzuelo Trudeau en las redes sociales --es decir, ponerle barba-- será interpretado como "nota falsa" y podría ser incluso objeto de persecusión penal. No estamos hablando de Irán, Zimbabwe o la Venezuela de Maduro, sino de Canadá, que hasta antes de Justin Trudeau gozaba de una libertad de expresión casi irrestricta.

Desde el principio de su gobierno, Justin Trudeau abrió irrestrictamente las puertas al movimiento woke al punto que en sus primeros discursos dijo que "mis pronombres son he/him"; incluso exigió que algunas representaciones diplomáticas canadienses ondearan la bandera LGBT, excepto en los países islámicos claro, lo que evidenciaba la hipocresía del hoy ex primer ministro. "Más que en Estados Unidos, Gran Bretaña o Australia, lo woke ha invadido hasta el último rincón de la vida de los canadienses", dijo Muñoz Iturrieta en uno de sus videos. "Esto ha traído como consecuencia una polarización sin precedentes en la sociedad canadiense.

Desde el 2014, de acuerdo a un reciente artículo escrito por Kirsten Fleming en The New York Post, "desde el 2013 la inmigración procedente de India creció un 313 por ciento, algo que representa un alto costo para el Estado y que deben financiar los ciudadanos abrumados de impuestos". Asimismo Trudeau "pidió perdón" a la comunidad nativoamericana "por el pasado colonialista de Canadá". Por cierto, a Trudeau nunca se le ocurrió disculparse por las tres fotografías donde aparece con el rostro pintado de negro y se le ve con un turbante hindú. Ante las acusaciones, Trudeau respondió que "ya no recordaba esos episodios", pero como ahora es promotor de la porquería woke, a nadie se le ocurrió "cancelarlo".

La "movida" de Trudeau antes de largarse

El anunció de Trudeau, sin embargo, ha metido a Canadá en un vacío de poder que se prolongará hasta marzo. En el ínter, el gigantesco país no tendrá gobierno.

Poca gente sabe que Inglaterra tiene facultad para autorizar o cerrar el Parlamento canadiense. El acuerdo logrado con Trudeau indica que, con la renuncia, Londres aplazó el funcionamiento de ese recinto hasta marzo, esto para evitarle un juicio político al ex primer ministro y convocar elecciones hasta esa fecha. Son embargo, el partido liberal conserva el derecho a "postular" a alguien más de aquí hasta el próximo marzo.

Entre los "probables" se maneja a Christya Freeland, quien hasta el pasado diciembre estuvo al frente del Ministerio de Economía y quien hasta el momento había sido "mano derecha" de Trudeau, o más bien mano izquierda: La mujer forma parte de la Organización Mundial del Comercio, es arquitecta del ruinoso esquema financiero de Trudeau y tiene fama de ultrawoke. Sin embargo y dado que las encuestas dan a Trudeau un ínfimo 14 por ciento, se considera que el repudio cada vez mayor a todo lo woke sepultaría políticamente al partido liberal si Freeland asumiera el puesto.

"Nada puede salvar ya al partido de Trudeau", dijo recientemente Muñoz Iturrieta en un podcast. "El siguiente gobierno seguramente será conservador, representado en Pierre Poilievre, quien cuenta con un abrumador respaldo en las encuestas". Por supuesto que los medios oficialistas canadienses han advertido que Poilievre es "una repetición de Trump", pero ello ha tenido un efecto contraproducente entre la opinión pública. "Las elecciones recientes en Estados Unidos tuvieron un enorme eco en Canadá", refirió Iturrieta, "los liberales en el país tienen todas las de perder con un republicano en la Casa Blanca".

Sin embargo la renuncia de Trudeau se vio obligada más por la guerra interna en el gabinete y la advertencia de Donald Trump para aumentar los aranceles. La opinión pública canadiense parece haber aceptado calladamente las imposiciones y la pérdida de muchas de sus libertades individuales, quizá atemorizada a ser tachada de "racista" y "homofóbica" si se atreviera a protestar ante la desbocada inmigración y la defensa de su herencia cultural.

Por lo pronto son buenas noticias: otro gobierno "progresista" que se va al carajo en menos de dos meses. Ojalá que España, el otro "tubo de ensayo" del wokeísmo, siga pronto el mismo sendero, lo mismo que la dictadura madurista en Venezuela. Asimismo, hay que ser optimistas de que en México ocurrirá algo similar, si bien quizá aquí las cosas tarden más tiempo dado que el gobierno claudista aún vive su luna de miel con el electorado.


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