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INTERNACIONAL/Estúpidos non plus ultra

Ante insensatos
como Zohran Mamdani, la sabiduría de las abuelas
Nueva
York nos acaba de demostrar cómo los cuentecillos de hadas pesan más
en las urnas que la realidad, y el precio que se pagará por ello
será bastante duro. El trauma de los atentados del 2001, entre otros
factores, tiene mucho qué ver en la elección de Zohran Mamdami como
alcalde de la urbe. Veamos porqué
Versión impresión
NOVIEMBRE, 2025. Nuestros abuelos y nuestros
ancestros jamás tuvieron en sus manos un smartphone,
tecnología cibernética ni inteligencia artificial pero poseían algo
valiosísimo que en este nuevo siglo es considerado descontinuado y
políticamente incorrecto: sentido común.
Una de mis abuelas solía emplear una frase cuando sus nietos nos
portábamos como unos tercos y nos negábamos a entender razones:
"nadie aprende en cabeza ajena".
Nueva York, supuestamente la urbe capitalista más importante del
mundo, acaba de votar masivamente por alguien que apenas se
naturalizó norteamericano en el 2017 y quien no entiende la historia
de los Estados Unidos si no es través de la injusticia y la
explotación, alguien incapaz de comprender que existe algo que se
llama leyes del mercado, y como leyes que son, son invariables.
¿Cómo es posible que el socialismo sea tan popular entre los jóvenes
de uno de los países más prósperos en la historia de la humanidad y
que sigue atrayendo a miles de inmigrantes cada año por sus
oportunidades laborales? ¿Acaso la ignorancia de los neoyorquinos es
tal que nadie les ha mencionado que hubo un país comunista que se
derrumbó con estrépito y desapareció del mapa hace 34 años?
Mamdani prometió, entre otras lindezas, transporte público gratuito,
incluido el monstruoso sistema de tren subterráneo, congelar las
rentas, construir miles de viviendas, crear supermercados
municipales que compitan con el "comercio hambreador", reducir los
fondos a la Policía y subir impuestos a las grandes fortunas de lo
que se espera recaudar, dijo Mandani en uno de sus discursos, "300
billones de dólares" (tres mil millones de dólares).
Zohran Mamdani, con 34 años, se convertirá en el alcalde más joven
de Nueva York en un siglo. Su vida la ha pasado de las aulas donde
recibió adoctrinamiento, hasta una carrera política donde ni por
asomo ha trabajado un solo día dentro del sector privado y, por
tanto no tiene idea alguna de cómo funciona un establecimiento
comercial.
El futuro que le espera a Nueva York será una mezcla entre tétrico y
catastrófico. Es ingenuo engañarse y pensar que la fórmula sí
funcionará esta vez simplemente porque miles de habitantes de esa
urbe que sin duda reaccionarían ofendidos en caso que alguien les
preguntara si creen en Santa Claus pero que votaron un vendedor de
fantasías como Zorhan Mamdani, esperanzados en que hará un mejor
trabajo que los malvados e insensibles capitalistas que solo velan
por sus propios intereses y se dedican a saquear y esquilmar a los
pobres, más si se trata de inmigrantes.
El congelamiento de rentas ha fracasado en todas partes donde se ha
instrumentado, desde Buenos Aires hasta Barcelona; las tiendas
administradas por el Estado han sido un fiasco absoluto, incluso en
el propio Estados Unidos (en México tuvimos las tiendas Conasupo, un
experimento tan horripilante del cual el país aún no logra
reponerse). ¿En verdad creen todos aquellos que votaron por Zohran
Mamdani que éste será capaz de cumplir con todas sus promesas?
Más alla de lo anterior, conviene analizar cómo fue que Nueva York
llegó a este punto, esto después que la ciudad registró, apenas en
el 2012, un día donde se registraron cero asesinatos, el mismo año
cuando hubo un apagón y la gente se comportó con civilidad, en
contraste con los desmanes e incendios ocurridos con el gran apagón
de 1977.
Los atentados y el sentimiento de culpa
En los días posteriores a los atentados del 2001 se dio en Nueva
York una reacción totalmente humana de indignación hacia los sujetos
que habían estrellado dos aviones en el World Trade Center, sin
embargo, los activistas y los medios iniciaron una contraofensiva
donde cualquier crítica contra los autores de los atentados pasó a
ser "islamofobia", cuando lo cierto fue que en contadas ocasiones
las críticas apuntaban directamente a las creencias religiosas de sus
autores. Uno se pregunta si esos activistas y esos medios hubieran
exigido el mismo tratamiento de tolerancia y de guardar silencio si
los terroristas hubieran sido protestantes o católicos.
La consigna era clara: "Los Estados Unidos fueron atacados como
consecuencia de su política imperialista en Medio Oriente.. nosotros
somos culpables de que nos hayan agredido... lo mejor para impedir
futuros atentados es no darles motivos y cumplir su voluntad."
Exacto: los neoyorquinos sufren del llamado Síndrome de Estocolmo:
cuando unos ladrones tomaron como rehenes a los clientes de un
banco, al ser liberados se descubrió que varios de ellos sentían
simpatías por los criminales e incluso los defendieron; durante la
forzada convivencia, tanto rehenes como secuestradores "negociaron"
su propia supervivencia: "no me hagas daño, haré lo que tu me
digas".
Muchos neoyorquinos que votaron por Mamdani, incluidos los wokes
como la niña que votó por Mamdani para "hacer enojar" a sus papás,
son un ejemplo prístino del Síndrome de Estocolmo: temen que si
votan por otra opción que no sea un musulmán, el desquite de esa
comunidad será terrible. Desde los atentados, Nueva York ha cedido
casi todo a los musulmanes, y ha sido devorada por el progresismo
radical... y si nos fijamos un poco, lo mismo sucedió en Madrid tras
los atentados en la estación de Atocha el 2003. La semejanza está
lejos de ser mera casualidad.
Los inmigrantes ya no son lo que eran
Un error que suelen cometer los libertarios es unificar el criterio
de quienes optan por irse a vivir a Estados Unidos lo hacen con la
intención de trabajar duro y alcanzar así el American Dream.
Es un punto que curiosamente los libertarios comparten con la
izquierda: en varias ocasiones Michael Moore ha aplaudido a la
inmigración desmedida e incluso alega que "¡Steve Jobs era un
inmigrante!" (por supuesto que Moore jamás nos recuerda que este
genio de la informática, nacido en Siria, entró a los Estados Unidos
de manera legal... no le conviene mencionarlo).
Las oleadas de inmigrantes llegados a Estados Unidos de 1850 a 1930
aproximadamente, procedían de Europa, específicamente de países
castigados por ruinosas políticas socialistoides o colectivistas,
combinadas con la intolerancia religiosa. Y contra lo que se cree de
que la mayoría procedían de Inglaterra, el grueso de los inmigrantes
fueron de origen irlandés, alemán, de los países escandinavos y en
especial Italia, cuya transición a unificarse en país estaba
resultando en oleadas de insoportable pobreza y escasez.
Casi todos esos inmigrantes prosperaron en su nuevo país, sobre todo
en Nueva York donde abrieron negocios, formaron empresas que
pasarían a ser emporios y trajeron consigo una ética de trabajo que
les había sido saboteada y ridiculizada en sus países de origen;
pese a carecer de estudios profesionales o de apenas masticar el
inglés --por lo menos la primera generación-- estos inmigrantes
nunca representaron una carga el al Estado norteamericano.
Desde los años 60 y tras una iniciativa impulsada por el nefasto ex
senador Edward Kennedy, las oleadas migratorias se enfocaron no en
los países que ya habían alcanzado cierto nivel de desarrollo como
los europeos sino en los países subdesarrollados que hasta la fecha
siguen siendo pobres, países donde la ética del trabajo jamás se ha
enseñado en las aulas de clases y, en cambio, se les inculca el
resentimiento y el derecho que todos ellos tienen para vivir del
Estado.
Varios analistas, entre ellos Matt Walsh, sostienen que la
iniciativa de Kennedy y ampliamente apoyada por el presidente Lyndon
Johnson, tenía entre uno de sus propósitos contrarrestar entre la
opinión pública el efecto que la inmigración procedente de Cuba tras
la llegada del castrismo y que sacó a Miami de un prolongado letargo
económico; era urgente evitar que cundiera el mal ejemplo.
La mayoría de los votantes de Mamdani no nacieron en Nueva York o
provienen de países pobres con ideas preconcebidas donde el Estado
norteamericano tiene la obligación de mantenerlos en vez de la
filosofía de inmigrantes anteriores, que era ya no voltear nunca
atrás e integrarse al nuevo país, algo evidente con los inmigrantes
italianos, alemanes y griegos durante los años de la segunda guerra
mundial, aunque estaban orgullosos de sus raíces, unánimente se
opusieron del lado del gobierno norteamericano.
La inmigración procedente de Venezuela es muestra clara de ello. En
ese país no existe una cultura del emprendimiento; el Estado
venezolano siempre defendió la idea de que éste sería el proveedor
de la felicidad de sus gobernados. Solo hasta que llegó un autócrata
como Chávez y mandó al carajo el país, lo que llevó a miles de
venezolanos a irse a vivir a otro país... no a Cuba, el país que
Chávez definió como su alter ego, sino a Estados Unidos.
Estados Unidos es una nación de inmigrantes, por supuesto, pero de
inmigrantes que llegaron con el fin de empezar desde cero sin estar
supeditados a la teta de Washington.
El mito de Nueva York como avatar del
capitalismo
Una idea compartida incluso entre los conservadores y los
libertarios es que Nueva York es la ciudad más importante del libre
mercado o el capitalismo. Desde los años 30 esto dejó de ser verdad.
Como dijo el ex alcalde Rudy Giuliani en una entrevista con el
vloguero Dave Rubin, "los alcaldes republicanos en Nueva York son
una rareza; solamente cuatro alcaldes gobernaron la ciudad a lo
largo del siglo XX".
La ciudad no solo es centro de la masonería mundial, promotora
incondicional de las ideas progre, el Partido Comunista de
los Estados Unidos tenía ahí su sede, las Naciones Unidas también se
encuentran ahí lo mismo que The New York Times, quizá el
diario de amplia circulación más izquierdista en todo el país. La
ciudad se encuentra sobreregulada, vivir resulta carísimo y los
impuestos son siderales, lo que ha detenido la dinamización que la
ciudad tuvo durante la época en que se construyeron decenas de
rascacielos. Los tiempos de los grandes empresarios, los dueños de
trusts y gente con fortunas inconmensurables alguna vez
existieron en Nueva York, pero hace rato que desaparecieron del
mapa.
Desde los años ochenta Nueva York parece ser énclave socialista y
una de las ciudades más izquierdistas de Estados Unidos, por encima
de Seattle, Chicago o Los Ángeles.
El triunfo de Rudolph Giuliani fue inevitable ante el pésimo trabajo
de su antecesor, David Dinkins, el Obama de los años 80. Sin embargo
los atentados del 2001 cambiaron el panorama. Y a menos que suceda
un milagro, un otro Giuliani, Nueva York parece no tener remedio, y
puede decirse que su decadencia la tiene más que merecida al seguir
votando por las mismas fórmulas fallidas.
El adoctrinamiento académico, a niveles de
locura
Todo norteamericano medianamente informado sabe que los planteles
escolares y universitarios han dejado de ser centros de enseñanza
para convertirse en cuarteles de adoctrinamiento; los alumnos
reciben dogmas que deben memorizar sin salirse del guión, y si se
les ocurre cuestionarlos, corren el peligro de ser expulsados o
reprobar la materia.
El analista Jim Davis de theamericanthinker.com señala que
su esposa, quien nació en Lituania cuando ésta era una república
soviética, se escandalizó al ver los niveles de adoctrinamiento en
la educación norteamericana: "ya desde los años, 70 nadie en mi país
se tomaba en serio toda esa propaganda política", dijo su esposa.
El Heritage Institute estima que el 95 por ciento de los planteles
educativos de la urbe están contaminados, total o parcialmente, por
ideología woke, y que ello ha moldeado irremediablemente la mente de
los jóvenes menores de 35 años quienes piensan que la relación entre
el "socialismo democrático" y la URSS son tan distantes como la
Tierra es de la Galaxia de Andrómeda, cuando en el fondo no existe
diferencia alguna entre ambos.
Nunca antes en la historia de Nueva York el radicalismo de izquierda
había tenido tanta presencia en los planteles escolares. "El
fenómeno ya se estaba dando desde antes de los atentados pero éstos
aceleraron el proceso; los profesores de esos planteles coincidieron
en que había que aplicarlo más a fondo: '¿va ven lo que nos pasó por
no actuar a tiempo'"? refiere Davis.
Como apuntamos líneas atrás, es dudoso que el
devastador gobierno de Zohran Mamdani haga cambiar la mentalidad de
quienes adoran al socialismio: es un dogma y, como tal, es
infalible; su fracaso será siempre culpa de sus enemigos, empeñados
en sabotearlo. Mientras tanto, la ciudad que Frank Sinatra tanto
alabó en su célebre canción, ya es cosa del pasado. Lejos de ser la
ciudad que nunca duerme, ha pasado a ser la ciudad que nunca
aprende.
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