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Imbéciles útiles

Alguien realiza el trabajo sucio sin cobrar un centavo y a cambio destruye su futuro, encerrado el resto de su vida en una mazmorra. Más estúpido no se puede ser. Y sin embargo eso fue precisamente lo que sucedió con quien jaló el gatillo para cortar la vida de Charlie Kirk. Y el tirador es parte de una generación que presume ser la más inteligente de toda la historia... qué alucinante

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OCTUBRE, 2024. Tras jalar el gatillo que puso fin a la vida de Charlie Kirk, Tyler Robinson bajó tranquilamente del techo y cruzó varios pasillos del campus sin importarle que estuviera siendo filmado por las cámaras de seguridad. Pasos más adelante Robinson tiró el arma, un rifle que pertenecía a su abuelo. Horas más tarde, el sujeto tuvo un chat con su amante donde confesó que él había sido autor del atentado. ¿Qué acaso no esperaba que el asunto desencadenaría una investigación que llevó a su
detención menos de 23 horas después? ¿Acaso Robinson esperaba salir impune pese a haber dejado un vendaval de pistas?

Aparentemente, sí. Robinson pensaba que el asesinato de Kirk, por tratarse de un "acto revolucionario", le otorgaba lo que los abuelos llamaban patente de corso, esto es, inmunidad pese a haber cometido una acción deleznable. Para Robinson, Kirk era una figura ominosa, alguien que promovía el odio y el racismo, por ello eliminarlo del mapa, aparte de convertirlo en héroe, le brindaría la protección de los grandes medios... todos se solidarizarían con su causa, la de haber evitado que los Estados Unidos cayeran en manos del fascismo. Inclusive y dentro de su torcida mente, Robinson estaba convencido que se filmaría una película sobre su hazaña, se estrenaría
un documental sobre su vida en Netflix y su nombre sería recordado con orgullo en un futuro donde los Estados Unidos serán un país comunista como lo fue Rusia a lo largo del siglo XX.

Hay varias interrogantes en el asesinato de Kirk que ni siquiera la cadena Fox ha abordado: el plantel universitario al que acudió el sacrificado polemista supuestamente era una zona "libre de armas de fuego", e incluso los asistentes fueron
revisados antes de ingresar al sitio donde se realizaba el debate. ¿Cómo fue entonces que Robinson consiguiera meter un rifle al campus, por qué los guardias lo dejaron pasar? Podría especularse que con anterioridad Robinson logró meter el arma de contrabando. ¿Pero dónde la guardó todo ese tiempo?

Cualquier guardia de seguridad en un campus está obligado a reportar paquetes sospechosos que muchas de las veces han resultado ser el almuerzo olvidado de algún estudiante.

Hay personal en esos campus que rara vez es revisado cuando ingresa, entre ellos los profesores, y éstos suelen hacerlo en automóvil. ¿Pudo ocurrir que uno de estos catedráticos haya metido el rifle, escondido en su cajuela, y se lo haya entregado a
Robinson esa misma mañana?

Asimismo, en las cámaras de seguridad puede detectarse claramente a Robinson recostado en el techo, e incluso su presencia fue filmada con celular por varios asistentes. ¿Cómo fue que ningún guardia de seguridad estuviera pendiente de los
monitores, máxime porque Kirk ya había recibido amenazas de muerte?

Algo pareciera quedar en claro: Robinson no actuó espontáneamente y recibió ayuda de alguien más para realizar el atentado, sobre todo en el campus, y ese alguien le prometió impunidad. En otras palabras, Tyler Robinson pasó a ser el imbécil útil,
alguien que cometió un crimen con el cual mandó su existencia misma al bote de los desperdicios, todo esto mientras alguien más se benefició con la muerte de Charlie Kirk. Dicho de otro modo, este sujeto realizó el trabajo sucio de intereses que, esos
sí, continúan impunes.

Todos alguna vez hemos escuchado la historia de los soldados franceses y alemanes que realizaron una tregua el Día de Navidad durante la primera guerra mundial. Los soldados de ambos bandos compartieron cigarrillos, intercambiaron fotografías y descubrieron cuántas cosas tenían en común entre ellos; inclusive terminaron la tregua
luego de un animado juego de futbol. Por lo menos uno de ellos debió haberse hecho la obvia pregunta: si nuestros intereses y gustos son tan parecidos, ¿por qué carajos estamos peleando? Quienes organizaron esta guerra, sus estrategas, quienes
realmente están peleados, en este momento descansan cómodamente en Londres, París y en Berlín. ¿Por qué nosotros, en cambio, estamos arriesgando nuestras vidas, dejamos solas a nuestras familias y a nuestros hijos, a riesgo de dejar viudas y huérfanos como recuerdo?

Tenía razón Mohammad Ali cuando reclamó "¡a mí esos tipos del Viet Cong no me han hecho nada!" y se rehusó a ser reclutado. ¿Por qué mejor no iba Lyndon Johnson a Saigón a darse de chingazos con Ho Chi Minh y asunto arreglado?

Tyler Robinson no era un papanatas ni un adolescente con la mente desmadrada de tanto consumir mota. Fue un alumno brillante e incluso consiguió una beca universitaria. Ese fue el inicio de su debacle: fue en la universidad donde le lavaron el cerebro y donde le administraron tanta porquería woke que terminó por enajenarlo de su misma familia. Incluso Robinson se enajenó de su misma personalidad y comenzó a salir con un tipo que estaba a punto de "transicionar" es decir, convertirse en mujer.

Al igual que Lee Harvey Owald en su momento, Robinson estaba convencido de que podría salirse con la suya. Lo que nunca pasó por su mente es que en realidad los autores de la trama lo estaban mandando directamente al matadero o, mínimo, al
arresto, una acción ejecutada por alguien más. Si de ahí en adelante le ocurría algún daño al asesino, como sucedió a Oswald tras ser acribillado por Jack Ruby, los autores intelectuales seguirán impunes y, mejor aún para ellos, se abrirá otra línea de
investigación, un distractor más que aleje al mundo de lo que en verdad ocurrió.

Esa es la función del adoctrinamiento woke: emascular tu capacidad de pensar, de razonar, de descubrir que tu mente puede generar ideas propias. En su libro Woke.Inc, Vivek Ramaswamy establece que "para el woke, la verdad ya ha sido revelada, ya no tienes que buscar más, todas tus preguntas ya han sido contestadas, ahora tu misión es difundir, defender esa verdad y, como tal, esa verdad no puede ni podrá ser alterada."

Cuando Robinson apretó el gatillo que terminó con la vida de uno de los personajes más brillantes de Estados Unidos los últimos 20 años, pensó que lo hacía en nombre de la verdad que recibió como adoctrinamiento en el campus universitario. Y como se sabe, todos aquellos que defienden una verdad inculcada, aunque esa verdad no logren comprenderla del todo, terminan siendo héroes. Y a los héroes nadie quiere matarlos, todo lo contrario, quiere reconocerlos y admirarlos.

Cuando quien realiza un atentado es un fracasado, un mediocre o una lacra social, generalmente se dispara a sí mismo tras cometer la atrocidad; si no ha recibido adoctrinamiento woke, el sujeto está consciente que si opta seguir con vida, lo atraparán y terminará sus días en una prisión infernal. Lo suyo fue un ajuste de cuentas personal, y cuando según él ya se ha consumado la venganza, el siguiente en abandonar el mundo es el tirador... o tiradora. seamos inclusivos.

Y perdonarán ustedes, pero fuera de los esos alucinados y enfermos mentales que bailan en las redes sociales por la muerte de Charlie Kirk y las estupidizadas huestes en los campus, Tyler Robinson NO es un héroe. Pero qué importa, Robinson ya realizó el trabajo sucio de quienes realmente deseaban borrar a Charlie Kirk del mapa.

Tras su detención, Robinson vio evaporarse sus fantasías woke para ingresar brutalmente al mundo real. ¿Cuál ha sido su recompensa? Además de desmadrar para siempre toda aspiración que pudo haber tenido en su vida, Robinson hoy es repudiado por su propia familia --su padre, por cierto, un policía que bien sabe lo que son las consecuencias, lo entregó, horrorizado ante la posibilidad de que si lo dejaba escapar sería acusado de cómplice-- y le espera una buena temporada en prisión donde, tras el juicio, será enviado a una mazmorra al tope con verdaderos resentidos con la sociedad que no se andan con jueguitos ni pendejadas woke. Ahí le espera su verdadera suerte, si no es que antes se le aplica la pena capital, aún vigente en el estado de Utah.

El destino de Tyler Robinson será pudrirse en prisión. No es éste el futuro que él esperaba: ¿dónde quedaron los profesores que le metieron tanta mierda doctrinaria en la cabeza, porqué no realizar manifestaciones afuera de la penitenciaría, exigiendo su pronta liberación? Bueno, porque Tyler Robinson fue otro imbécil útil de la historia. Su existencia se fue al carajo, todo por tragarse una Verdad que quizá ni él mismo puede explicar sin extirparle las adjetivaciones.

Los beneficiados de esta muerte, sin embargo, siguen campantes, contentos porque alguien más se comió el excremento que ellos dejaron tirado en la acera. Y como sabemos, la mierda es la evidencia más apestosa y contundente que puede dejar un ser humano.

 



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