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Y DEMÁS/Tontos célebres

Por favor, alguien diga a los celebridiotas que el mundo ya cambió

El comité de campaña de Kamala Harris recibió el apoyo, muchas veces comprado y otros voluntario, de casi todas las celebridades de Estados Unidos, lo cual no evitó que Donald Trump le diera una paliza en las urnas. Como se ve, esa estrategia ya suena a obsoleta frente a las nuevas tecnologías y porque, bueno, casi siempre el espectáculo ofrecido ha sido lastimoso. Y si no, pregúntenle al de la foto...

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NOVIEMBRE, 2024. Ante la falta de propuestas, el nulo carisma de una candidata impopular hasta el occipucio y ante un panorama económico insólitamente malo para un país considerado potencia mundial, la alta dirigencia del Partido Demócrata decidió acudir a ¿quién más? sus viejos amigos las celebridades, o como preferimos llamarles en esta página, los celebridiotas, para levantar una campaña que, desde el inicio, estaba condenada al hazmerreír.

Los celebridiotas suelen ser talentosos en lo que dedican la mayoría de su tiempo: lo mismo pueden ser cantantes, compositores, escritores, actores, dramaturgos, diseñadores y deportistas. Muchos de nosotros hemos disfrutado de su talento y hemos hecho nuestras algunas de sus películas o sus canciones; su creatividad es indiscutiblemente excepcional.

Se necesitaría ser un necio para decir que Stephen King no es un gran escritor, que John Mellencamp no es autor de varias canciones representativas de los 80, que Robert de Niro nos ha brindado actuaciones de primerísimo nivel o que Harrison Ford jamás nos hizo vibrar de emoción como Han Solo o Indiana Jones. Vamos, hasta Ben Stiller nos ha mostrado un talento singular (a mí por lo menos me encantó su desempeño como Walter Mitty la cual, por cierto, también dirigió).

El gran problema de los celebridiotas es que confunden nuestra admiración hacia ellos con la aceptación plena, es decir, si decidimos ver sus películas o comprar sus discos, por ese solo hecho estamos aceptando todo lo que venga o provenga de sus bocas y sus cabecitas. Pero basta este ejemplo para dejar en claro lo absurdo de esa suposición:

Si Paul McCartney declarara un día que quienes asisten a sus conciertos deben ser vegetarianos como él, o peor aún, se negara a vender boletos a quienes gustan de comer carne, sería repudiado aun por muchos de sus devotos admiradores. Quienes van a sus conciertos por su música son una mayoría descomunal, y si un día McCartney participara como orador en un simposium a favor del vegetarianismo, no asistiría ni el uno por ciento de sus fans (y entre ellos, inevitablemente, alguien le haría una pregunta sobre los Beatles).

En las recientes elecciones los celebridiotas no podían haber estado ausentes. Pero en esta ocasión, a diferencia de los años de Obama donde sin duda ayudaron electoralmente al candidato, su influencia para atraerle votos a Kamala Harris fue prácticamente nula.

Adicionalmente, esta vez se destapó un detalle que muestra cómo esa supuesta simpatía de los celebridiotas hacia los demócratas tiene un precio. Por ejemplo y de acuerdo a The Hollywood Reporter, la conocida conductora Oprah Winfrey, quien le realizó una entrevista a Kamala con preguntas previamente arregladas, cobró un milloncito de dólares por el favor. Pero Winfrey fue un gasto modesto comparado con la cantante Beyoncé quien "apenas" recibió un cheque por 20 millones de dólares del Comité Demócrata por estar unos minutos sobre el escenario en Houston durante un mitin de Kamala. La mujer no cantó una sola nota --suponemos que ya no le llegaron al precio-- lo que irritó a muchos simpatizantes, quienes abandonaron el sitio en cuanto Kamala Harris comenzó a hablar.

Mientras un par de huracanes con apenas una semana de distancia azotaba la Florida para después inundar Carolina del Norte, devastar parte de Kentucky y Tennessee, Kamala Harris s la pasaba visitando los estudios de televisión donde los "comediantes" Jimmy Kimmel y Seth Myers la entrevistaban con preguntas inocuas ("¿piensas que harás un gran trabajo cuando en enero ocupes la Sala Oval?", le inquirió el primero. Qué bárbaro, qué arrojado!)

Compárese esta clara muestra de desinterés hacia el norteamericano promedio con lo que hizo Trump por aquellos días. Además de visitar el área, de ahí viajó a Pensilvania donde pasó un domingo entero preparando hamburguesas en un McDonald's, esto en respuesta a la declaración de Kamala Harris de que de joven ella había trabajado en uno de esos establecimientos en Oakland aunque no se encontró un solo registro de ello.

En el programa "feminista" The View se tachó ese acto de "populismo barato" ya que "los clientes del autoservicio habían sido previamente escogidos y revisados" ¡Es lógico, semanas antes el candidato había sufrido un atentado en ese mismo estado! ¿Qué esperaban? Lo que las "feministas" de The View olvidaron decir es que, efectivamente, esos clientes y sus vehículos fueron auscultados, pero no se les dijo quién les entregaría las hamburguesas en ventanilla.

Tremendo error, más bien gigantesca estupidez, la de sus asesores de campaña empeñados en mostrar a Harris rodeada de celebridiotas cuyo voto ya lo tenía en el bolsillo en vez de meterse a territorio hostil para realizar campaña y hacerse de votos. Eso fue precisamente lo que hizo Trump, específicamente a Georgia y Pensilvania, estados que le costaron su derrota en el 2029. Esos mítines fueron determinantes para que esta vez Trump se llevara ambos estados, uno de los cuales le valió la Presidencia.

Kamala y su equipo de campaña pensaron que mensajes como el del actor Harrison Ford donde acusaba a Trump de "dividir al país" --labor que Obama había desarrollado con fruición: "Estados Unidos no es un país cristiano" está lejos de ser una frase unificadora-- o el video del actor Ben Stiller donde aseguraba que Kamala "era mejor opción", sin aportar una sola prueba que respaldara tan aventurada afirmación, convencerían ipso facto a los votantes indecisos.

La imagen avejentada, cansada así como la expresión de hartazgo de Ford, muy alejada de sus glorias como Han Solo o Indiana Jones, pudieron haber sido la imagen misma del Partido Demócrata, una organización arcaica en imagen, en ideas y en propuestas, la mayoría ajenas a la realidad en que viven millones de norteamericanos. Bien lo dijo al respecto el vloguero Michael Knowles: "Todos hemos admirado a Harrison Ford por ofrecernos horas de entretenimiento en un mundo de fantasía, pero lo que diga o piense Harrison Ford en el mundo real no es asunto que interese a muchos".

El "apoyo" de los celebridiotas llegó a extremos surrealistas cuando la rappera Cardi B se aventó un discurso en un mitin y que fue calificado por Rolling Stone como "profundo e impactante", tan profundo e impactante que la mujer lo estaba leyendo de su celular. Pero también hay que ser comprensivos: Kamala no sabía qué hacer cuando le faltaba el teleprompter o se veía obligada a prescindir de él.

Por otro lado, los demócratas recurrieron al apoyo de muchos celebridiotas has-been, es decir, figuras que el voto más joven tiene vaga o  nula idea de su existencia, como es el caso de Harrison Ford o de Springsteen, quien en un mitin de Kamala lucía como un viejito que ofrecía lástimas (ver la foto que acompaña a este texto). En contraste, Trump tuvo el apoyo de Elon Musk, a quien se odia o se ama pero nadie en Estados Unidos desconoce quién es.

El apoyo de Taylor Swift a Kamala nunca fue explícito y se limitó a una foto de la cantante con su mascota, muestra de la desconexión que los celebridiotas tienen con la realidad pues él público mayoritario de la cantante no lo conforman chicas que están a favor del aborto, ni se pintan el pelo de verde ni echan pestes al patriarcado además que, como dijo el analista Ben Shapiro, "los demócratas, tan inteligentes ellos, no caen en cuenta que por lo menos el 50 por ciento de los fans de Swift tienen menos d 21 años, la edad mínima para votar en Estados Unidos".

Porqué los celebridiotas fracasaron miserablemente esta vez

Kamala Harris tuvo el apoyo del 95 por ciento de la prensa norteamericana, su rostro apareció en las portadas de las revistas más importantes de Estados Unidos, apareció en todos los programas nocturnos de variedad, ninguno de esos periódicos o cadenas difundió una sola nota crítica hacia ella y los buscadores de Bing la mostraban siempre sonriente y vivaracha, en contraste con las imágenes de Trump, generalmente severo, fúrico y con el rostro enrojecido de coraje.

 ¿Cómo fue posible que con toda es maquinaria propagandística a su favor, una maquinaria que deja en nivel de párvulos a la maquinaria propagandística de la extinta URSS,  no fuera suficiente para derrotar a un candidato al que todos esos medios cerraron las puertas, medios que igualmente no publicaron un solo artículo crítico contra la candidata?

La respuesta es sencilla: los celebridiotas, dado que no viven en la realidad de millones de norteamericanos, aún no se dan cuenta que el mundo ya cambió y que los medios tradicionales de promoción política hoy son obsoletos.

Los norteamericanos ya no se enteran de las novedades del día en los noticieros de la NBC, la CBS o la NBC; saben perfectamente que esos medios son mera maquinaria propagandística de los demócratas y, la verdad, ese país ya está hasta la puritita madre del adoctrinamiento y moralina que esas cadenas escupen sin cesar.

La mayoría de los norteamericanos acuden a las redes sociales para informarse, un universo vastísimo donde, pese a los intentos de censura de los gigantes de las comunicaciones como YouTube o Google, los usuarios comparten y cruzan notas para compararlas y crear su propio criterio, además que,a diferencia de hace cuatro años, la inflación está afectando su nivel de vida, y contra ello no hay celebridiota que valga.

Los celebridiotas siguen creyendo que, como hace medio siglo, solo había dos periódicos en cada ciudad, tres cadenas de televisión, tres estaciones de radio y dos salas de cine para poderse informar, e igualmente los demócratas creen que personajes desacreditados como Jimmy Kimmel aún tienen arrastre entre la opinión pública.

Por el contrario, el arrastre hoy lo tienen personalidades como Joe Rogan, cuyo programa tiene 25 millones de escuchas diariamente. Cuando Trump fue entrevistado por Rogan, el primero tuvo oportunidad de llegar a un público de entre 20 y 40 años. Pero cuando Rogan invitó a Harris a su programa, de acuerdo al mismo conductor, ésta le pidió revisar las preguntas por adelantado y acordar que algunos temas serían dejados fuera, entre ellos los gastos de su campaña.

"Mis entrevistados vienen al programa para que la gente conozca un lado que ellos raramente muestran al público; no son entrevistas arregladas pero sí soy respetuoso de la privacidad y nunca les haré preguntas incómodas en esa sentido", dijo Rogan en su programa a los pocos días que se frustrara la entrevista con la candidata demócrata aunque al respecto se limitó a decir: "Ella dijo que no podía viajar a Texas, pero definitivamente, muchas condiciones para la entrevista eran inaceptables, no directamente expresadas por Kamala sino de su equipo de campaña".

El futuro de la información ya no está en revistas vetustas como el TIME o The New Yorker ni en las cadenas ABC, CBS o NBC, y ni siquiera en The New York Times. Ese futuro se encuentra en podcasts como el de Joe Rogan y en los vlogueros independientes que realizan sus propias investigaciones. El futuro está, como lo dijo el ya referido Michael Knowles, "no en un estudio de televisión donde una luz de enciende para pedir aplausos, ni en una enorme sala de cine, sino en un celular que cabe en la palma de tu mano. Su poder es hoy similar como el poder que te otorga una papeleta para votar".

El futuro ya no está en esos columnistas manipuladores de la opinión pública sino en cruzar e  intercambiar puntos de vista en línea ya sean de videos, textos, artículos e incluso memes. En cambio, los demócrata siguen confiando en medios de comunicación que cada vez s usan menos y, segundo, a los que ya nadie cree.

Muchos de estos celebridiotas han jurado que abandonarán el país ahora que Donald Trump ha sido reelecto, entre ellos la cantante Cher, pero sabemos que no lo harán; si en Estados Unidos ya casi nadie les hace caso, en otros países mucho menos. Pero si llegan a hacerlo, por favor no azoten la puerta al largarse de ese país que tanto les ha dado y que tanto dicen odiar... nadie los va a extrañar.

 

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