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La pesadilla americana: estudiar en una universidad woke

Por décadas el ideal de muchas familias en todo el mundo era enviar a estudiar sus vástagos a una universidad norteamericana para garantizarles un buen futuro económico. Pero la politización y el fanatismo woke han envenenado a esos planteles, casi sin excepción, algo que descubren quienes, ilusionados, se inscriben y pagan altas colegiaturas. Esta experiencia de primera mano abunda en el asunto

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SEPTIEMBRE, 2024. Es sin duda la ilusión que comparten millones de adolescentes alrededor del mundo, estudiar en un plantel universitario de Estados Unidos, empaparse de la historia de ese país y saber más acerca de Washington, Franklin y Jefferson, además de aprender inglés y, claro, contar con un título que, al regresar, les garantizará un buen salario una vez que se integren a la vida laboral o, mejor aún, conseguir un empleo en ese país y convertirse en nuevos residentes.

La realidad es muy distinta, como lo narra Yessica Bruno (nombre que utilizaremos en este texto) en esta entrevista. Bruno pasó dos años estudiando en una de esas universidades y eso la dejó marcada de por vida. "Esos dos años complementaron parte de mi carrera pero no puedo decir que sea una experiencia para recordar", refiere. "Más bien todo lo contrario. No quisiera pasar por lo mismo... por fortuna no terminé como woke, con la cabeza llena de resentimientos e ideas raras en que cayeron otros compañeros..."

Bruno es hija de Carlos Bruno(idem) un buen amigo y lector de fasenlinea. "La enviamos allá para que tuviera una visión distinta el mundo y ella se fue muy emocionada a estudiar esos dos años allá. Sin embargo, a los seis meses, cuando platicábamos con ella en zoom, nos contó que estaba decepcionada, que muchas cosas eran diferentes a lo que ella había imaginado, que empezaba a experimentar ansiedad. Al segundo año optó por darse de baja en la universidad y terminar su carrera aquí. Creo que es lo mejor que pudo haber hecho", dice Carlos.

A estas alturas queda en claro que la pesadilla americana no se encuentra tanto en las calles de Estados Unidos, ni en sus centros de trabajo, vamos, ni en los estudios de cine y televisión, donde el ambiente woke debe ser insoportable. Hay un lugar peor, y éste se ubica en los planteles escolares. Decidimos por tanto entrevistar a Yessica para que nos cuente de su paso por uno de esos planteles.

--Primero que nada, Yessica, ¿en qué universidad estudiaste?

---Es la universidad de Findlay que se encuentra en el estado de Ohio en una ciudad del mismo nombre. Revisé varias opciones en Internet y esa me pareció la más adecuada, además de estar cerca de la frontera con Canadá y me daba oportunidad de visitar otro país.

--¿Qué nos puedes decir de tu paso por Findlay?
--Muchas cosas. La construcción es hermosa, con bellos jardines alrededor y conocí a nuevas amigas, seguimos platicando en el zoom, las tengo en el whats, e incluso una de ellas piensa visitarme para Navidad. Esas son las buenas experiencias. Pero sí bien antes de ir para allá ya tenía una idea de lo que significa ser woke, desde el primer día de clase viví de lleno esa pesadilla, esa obsesión con los pronombres, con la igualdad que, por cierto, no es pareja, es una supuesta igualdad que dejaba de lado a los alumnos blancos, y eso pasaba en las aulas, en las actividades deportivas, en todo.

--¿Hiciste amistad con alumnos blancos?
--Claro que sí, a Stephanie, ella vive en Akron. Congeniamos de inmediato pese a que una chica del salón nos advirtió que Stephie nos podía transmitir una enfermedad pues tenía piojos en la cabeza. Esta chica era originaria de la India, y nos decía que su país había sido "violado" (esa es la palabra) por los blancos y que por ello no merecían compasión. Yo me preguntaba ¿y eso qué tiene qué ver conmigo, o por qué te molesta que quiera yo ser amiga de Stephanie? Y me respondía "tu debes sentir lo mismo, a ti también te mancillaron los blancos' y le decía "¿cuándo, a qué horas? quizá eso hicieron con mis antepasados indígenas pero conmigo no" y me respondía "ya eres igual de racista que ellos". La verdad no se puede discutir con esa gente, en cambio con Stephanie sigo llevando una relación de maravilla y ella jamás me he echado en cara que yo sea morena y ella una rubia; incluso hasta me presumió que su bisabuela había nacido en España y por tanto también ella tenía algo de latina...

--¿Qué porcentaje de alumnos crees que sean inmigrantes o vienen de otros países en esa universidad?
--Me contaron que hay cuotas y que por lo menos un 14 por ciento del alumnado debe pertenecer a minorías raciales, pero claramente en las aulas veías que la cantidad es mucho mayor.  Entre mis compañeros de clase los había de Rusia, Colombia, Brasil, Guatemala... y muchísimos eran de la India, Pakistán, China, Laos y de Nigeria. Los alumnos blancos eran minoría, algo muy extraño porque en el resto de la ciudad de Findlay veías en su mayoría a gente blanca.

--¿Es cierto que la mayoría de esos inmigrantes y estudiantes extranjeros se convierten en wokes a poco de haber llegado?

--Te lo puedo asegurar, y no solo los alumnos, muchos maestros igualmente son inmigrantes. Comentaba de eso con otras alumnas, de cómo esta gente que venía de otros países, uno pensaría que es porque admiras y por eso escogiste a Estados Unidos para vivir o estudiar. Pero esa gente parecía odiar al país, decían que era una sociedad injusta, racista, explotadora, un enorme campo de concentración y que el sistema capitalista solo generaba pobreza. Recuerdo que en el descanso en la cafetería, hablé del tema con otras compañeras de clase y coincidimos en que si Estados Unidos les parece injusto y solo genera pobreza, ¿por qué no regresan a sus países, para que siguen sufriendo explotación aquí?

--Los wokes se distinguen por su hipocresía. ¿Tienes algún ejemplo que nos puedas mencionar?
--Me vienen dos a la mente. Uno, a Sheila, una mujer negra que llevaba unos aretes medio extraños y se había pintado el cabello de rubio platinado. Una vez se sentó con nosotras y luego de echar diatribas contra la "sociedad racista y opresora" de los blancos, nos confesó que admiraba a Marilyn Monroe y luego, ella que decía estar tan orgullosa de su pasado africano, otra amiga que había nacido en Chad le preguntó específicamente de qué cosas de África estaba orgullosa o que mencionara una ciudad africana y no pudo contestar nada, pero eso sí, Sheila se sabía al dedillo series como Friends. Mis amigas concluimos que Sheila sentía envidia y amargura por no ser blanca, después de todo, como dijo mi papá cuando le conté esto, el odio es la frustración vista a través de un vidrio empañado de rencor...

Otro caso que recuerdo es el de mi maestra de Sociología... qué horror su clase, con solo entrar al salón sentías una tensión tremenda, una vibra muy negativa, una hora de tensión y veías tu reloj esperando que pasara la hora. Mi maestra era originaria de un lugar llamado Bali (Indonesia) y decía que sus papás emigraron a Estados Unidos en los 80, pero esa mujer soltaba odio con tan solo abrir la boca, decía ser no binaria e insistía que los hombres blancos deberían ser emasculados para que ya no tuvieran, cito textualmente, "bebés descoloridos con asquerosas mejillas rosas y podridos desde sus entrañas".

--Es increíble: si un maestro blanco se expresara así de los negros o los latinos estaría en prisión y sería un escándalo mundial.
--Ese racismo antiblanco era cosa de todos los días. Dijo otra vez que África estaba muy bien hasta que llegaron los colonizadores europeos y destruyeron todo. Alguien le preguntó por qué, ahora que ya se fueron los colonizadores blancos y en África hay países soberanos, sigue habiendo pobreza. La maestra respondió, casi gritando, que los blancos habían impuesto ese sistema empobrecedor. El alumno le preguntó por qué los habitantes actuales no cambiaban ese sistema, si tanto los estaba perjudicando. Y la maestra lo expulsó del salón "por faltarle el respeto", es decir, no supo qué contestar. Lo que me llamó la atención es que esa maestra llegaba al campus en un auto deportivo y vivía en un exclusivo sector residencial de Findlay. ¿Cómo puedes decir que Estados Unidos es un país que empobrece a las minorías si al comprarte una auto deportivo te estás contradiciendo?

--Me llama la atención cómo los padres de esa maestra seguramente se fueron de Bali a Estados Unidos orillados por la pobreza, y que su hija se sienta explotada y pobre pero se pudo comprar un auto deportivo...
--Ellos te van a decir que no hay ninguna hipocresía, que simplemente están recuperando lo que alguna vez se les despojó, pero curiosamente esos "despojos" que recuperan son cosas lujosas. Además ¿cuándo su país produjo automóviles deportivos? No entiendo esa lógica, la verdad.

--¿Y qué nos puedes decir del adoctrinamiento en las aulas?
--Una verdadera pesadilla, te metían política a toda hora, por todos lados. Los pasillos estaban tapizados de banderitas LGBT, frases y consignas de héroes revolucionarios. Recuerdo que una alumna de origen cubano se quejó en la dirección porque su maestro obligaba a los alumnos a aprenderse de memoria las citas del Che Guevara. El maestro de Ciencias Biológicas... ¡Ciencias Biológicas, nada que ver con una materia política! decía que todo lo malo que se decía del Ché era propaganda imperialista y decía que Cuba era un paraíso de justicia social. Cuando la alumna le dijo que ella era cubana y que nada de eso era cierto, que Cuba era incluso más pobre que Costa Rica o México, el maestro la reprobó. La dirección le advirtió a la alumna que, si no deseaba que la reprobaran, "dejara de importunar al maestro con sus preguntas, que además nada tenían qué ver con la materia impartida", es decir, le dieron la razón, ese maestro sí podía meter política en sus clases de Biología pero tu no tenías derecho a responderle. Esta alumna, asqueada, dejó el plantel.

Nada escapaba a la politización, ni siquiera las matemáticas. Como estaba reciente lo de George Floyd, el maestro de matemáticas comparaba la suma con las minorías raciales, la resta con la población blanca, la división con Donald Trump y la multiplicación con los procesos revolucionarios en el mundo. En otra ocasión el maestro nos dijo que la variable X en los exponenciales en adelante sería referida en su clase como George Floyd, por lo que cada vez que la mencionáramos debíamos decir "exponencial X George Floyd".

--¡Qué ridiculez, por Dios!
--Eso mismo decíamos en la clase ¿qué tiene qué ver ese señor con una clase de matemáticas? Igual en la clase de gastronomía, a la cual yo no asistí pero me contaron que la maestra les dijo "olvídense ya de estar preparando pasteles y platillos colonialistas, aquí solo veremos cómo preparar platillos étnicos, no las imitaciones que los países imperialistas se apropiaron, como los tacos y el guamacole". Lo increíble del asunto es que la maestra era una gringa de pura cepa que decía odiar la "apropiación cultural gastronómica" y ella misma daba clases de cómo preparar las enchiladas, que luego supe sus recetas nada tenían qué ver con las enchiladas que todos conocemos en México...

--Con solo contármelo, siento que se me revuelve el estómago. ¿Todo esto fue antes de las manifestaciones pro Palestina?
--Yo me regresé mucho tiempo antes, me imagino que ahora en esa universidad, además de las banderitas LGBT, hay banderas de Palestina por todos lados.

--Previo antes de la entrevista platicamos brevemente de los "tours revolucionarios" ¿Qué era eso?
--Si vas a pasar una temporada en Ohio, es lógico que quieras visitar sus sitios históricos, empaparte de su historia. Un día le sociedad de alumnos decidió, sin consultarnos, que los fines de semana tomaríamos "tours revolucionarios" donde se visitarían sitios que, decía la propaganda, "130 nativoamericanos fueron sacrificados", o visitar un edificio donde se fundó el primer partido comunista de Ohio o el lugar donde se asentó la primera comunidad de negros liberados en el estado. No dudo que fuera información importante, pero la verdad eso a mí no me interesaba.

Como nadie se inscribió en esos "tours revolucionarios", la sociedad de alumnos quiso obligarnos a inscribirnos pero dado que serían actividades fuera del campus y donde las leyes del país aplican a plenitud, se dejó el asunto por la paz. Los tours eran tan aburridos, llenos de adoctrinamiento, que incluso muy pocos wokes los tomaban.

--Tocaste un punto importante: pareciera que los campus son territorios aislados del resto del país...
--Un profesor dijo que los campus eran "territorios liberados" de la opresión yanqui, pero me sigo preguntando ¿entonces por qué si es un "territorio liberado", los profesores siguen cobrando en dólares, gozan de todas las comodidades de Estados Unidos y votan por políticos yanquis? ¿Por qué cuando no están en la universidad optan por seguir siendo esclavos norteamericanos?

--Y viven de los impuestos generados por los norteamericanos que tanto dicen odiar, agregaría yo.
--Por supuesto, es una autonomía universitaria que solo aplica en lo que les conviene, en lo que no les conviene siguen cobrando en dólares y siguen sacando provecho de los programas de beneficio social de ese país que tanto los explota y los oprime.

--¿Te quedaron secuelas emocionales serias de esa experiencia?
--Dado que yo esa extranjera, mi piel es morena y había nacido en un país "oprimido", en cierto modo gozaba de cierta tolerancia en mis puntos de vista y en lo que expresaba en el salón. Sin embargo esa situación de que alguien te pida tu pronombre cuando te presentas y, sobre todo, esa tensión en los salones que la sientes aunque no vaya directamente dirigida a ti, comenzó a provocarme ansiedad; sentía pinchazos en la cabeza, tenía la boca reseca y sentía miedo a decir algo equivocado (enfatiza el signo de comillas con sus dedos).

Quienes llevaban la peor parte eran los alumnos blancos. Se les culpaba de todo, desde el cambio climático hasta la muerte de George Floyd y hasta los huracanes que hubo ese año. Recuerdo que a una muchacha blanca la hicieron llorar en el salón solo porque dijo que en su familia no había habido matrimonios con personas de otra raza y la acusaron de ser "nazi". "¡Claro, eso mismo hacían los nazis, se oponían a mezclar su sangre con razas inferiores!", le gritó una muchacha afroamericana la cual, en otra clase dijo que cuando tuviera hijos jamás permitiría que se casaran con gente blanca. "¡No quiero que mi sangre se contamine con la de personas indeseables!" ¿Dónde queda tu congruencia? ¿Quiénes eran los prejuiciados, quiénes eran los nazis en ese salón? Fueron esos momentos cuando comencé a preguntarme ¿no podemos limitar la clase a que el maestro imparta su materia y nosotros tomemos apuntes y dejemos afuera toda esa basura?

Debe ser horrible ser blanco y estudiar en una universidad donde te odian y te hacen sentir que eres de lo peor en tu propio país. No entiendo cómo sus padres siguen enviándolos a esos planteles y siguen pagando para que los traten como apestados por cosas que quizá hicieron sus ancestros pero que ellos nunca hicieron.

--¿Te gustaría repetir la experiencia?
Ya tengo mi título profesional y tengo recuerdos buenos y malos de esa experiencia en Findlay pero no me gustaría repetirla. Mi amiga Stephanie decía que envidiaba a quienes fueron alumnos en 1976, el año del Bicentenario cuando la educación aún honraba a Washington y a Jefferson. En cambio, en vez de sus imágenes, lo que ves hoy colgado en las paredes son fotos de revolucionarios o guerrilleros. Había una foto de un guerrillero mexicano, creo que se apellidaba Cabañas...

--Oh, sí, Lucío Cabañas, fue un guerrillero de los años 70...
--Exacto, Lucío Cabañas. Yo no sabía quién había sido ese señor. Un maestro me regañó por desconocer la historia de quien dijo era un nuevo Pancho Villa. Ese era el grado de fanatismo. Te lo aseguro, es algo que nunca extrañaré de esa experiencia.

 

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