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DVDs
Ahí
nos vemos, Cocodrilo...
Desde la lejana Australia llegó un
actor veterano llamado Paul Hogan quien no solo encarnó a uno de los
personajes mas queridos del cine sino que además se ligó en la vida real
a su coprotagonista. Crocodile Dundee es otro clásico ochentero
que, empero, jamás debió pasar de la segunda parte. La tercera terminó
hundida en los pantanos de la ignominia. Repaso también a Mafia!
Crocodile Dundee
Dirigida por Peter Faiman
Rimfire-Universal/1986
Crocodile Dundee II
Dirigida por John Cornell
Rimfire-Paramount/1988
Crocodile Dundee in Los Angeles
Dirigida por Simon Wincer
Silver Lion Films /2001
FEBRERO, 2011. Corrían los ya lejanos 80 cuando Australia se puso de moda en el resto del mundo. Men at Work, INXS y una casi niña Kylie Minogue surgieron en aquel momento mientras
su industria del cine seducía a Hollywood con películas como Mad Max, traía a expatriados como Mel Gibson y a figuras locales como Nicole Kidman, Sam Neill les daba oportunidad de brincar a una industria
ubicada a más de 10 mil kilómetros de distancia. También los ochenta nos trajeron una
inesperada sensación, un actor veterano semijubilado quien de repente llegó a ser una figura que rivalizó en popularidad como el mismo Gibson y quien
encarnó a un personaje que mostraba cómo australianos y norteamericanos (los primeros fueron los únicos que acompañaron a Estados Unidos en la guerra de Vietnam) tenían tanto en común y al mismo tiempo eran tan diferentes. Eran los años de Michael "Crocodile" Dundee.
Pero fue también un momento en que demostró lo lastimosa que puede ser la caída de
un actor que súbitamente llega a lo más alto sin estar preparado para
ello. Paul Hogan, el actor que caracterizaba al Cocodrilo, se enamoró de su
coestelar, un forro llamada Linda Kozlowski (y seamos sinceros: ¿quién no sucumbiría?) sólo que abandonó a su esposa con quien había estado casado 27 años. Hogan intentó otros papeles pero ninguno resultó pues ya estaba irremediablemente encasillado como el cazacocodrilos. Por lo demás y a un cuarto de siglo de su estreno, la primera película de
Crocodile Dundee sigue tan fresca y tan divertida, con momentos inolvidables cuando un
trasvestista en un bar le coquetea y decide agarrarle la entrepierna : "¡era un hombre! ¡ustedes lo sabían!", reclama, entre risas de los parroquianos. No hay duda que el primer
Crocodile Dundee es un clásico ochentero, una historia a la que se le invirtieron 35 millones de dólares de entonces y recaudó casi cinco veces más.
La primera cinta presenta un tema fresco: Sue Charlton es hija de un dueño de un periódico y quien para
desalentar a su hija de que siga esa carrera decide enviarla a una misión a los pantanos australianos y que consiste en localizar a un cazador de cocodrilos, un tipo medio chiflado y medio ermitaño.
Tras conocerlo y publicar el reportaje, Sue lo invita a visitar Nueva York. El Cocodrilo, ya un tanto enamorado, se topa conque ella ya está comprometida con un sujeto pedante quien le advierte antes de ir a un restaurante que "aquí no es necesario matar al animal que te vas a comer". Enseguida viene una serie de situaciones chuscas producto del contraste entre alguien que viene de un mundo muy distinto y cuyo único lazo con la urbe de hierro es el
idioma inglés.
La segunda parte era inevitable y fue estrenada en 1988. El Cocodrilo se liga a Sue y la pide en matrimonio, sólo que ella recibe amenazas de unos mafiosos sobre los que había publicado un reportaje, por tanto decide llevársela a Australia. Los facinerosos llegan hasta allá
aunque que llevan la desventaja de estar en territorio ajeno. En ambas películas la violencia es moderada a excepción de una escena de tortura, y es que la idea era que el Cocodrilo era más una comedia a la que se podía llevar a los hijos adolescentes.
Sobra decir que en Australia Crocodile Dundee fue un éxito inmediato aunque pocos perdonaron a Hogan que hubiera abandonado a una hija de ese inmenso país. ¿Y la tercera parte? Bueno, en primer lugar, era innecesaria pues la trama ya había dado todo de sí; nuestro protagonista se traslada a Los
Ángeles y en pleno furor jurásico, se narran peripecias divertidas pero ya muy recalentadas. Hogan y Kozlowski presentan a sus hijos que también lo son en la vida real, pero aquí el Cocodrilo trata de ser un personaje serio. La cinta fue financiada por el matrimonio Hogan, aunque ya sin esa gracia que había hecho tan memorables las dos primeras películas, en especial la primera. Desde hace buen rato el
Cocodrilo debió haber vuelto a los pantanos. Pero no lo hizo y hoy vaga en los anaqueles de esos videoclubs que ofrecen películas como última opción para matar el aburrimiento del fin de semana.
Una basura que sí
podrás rechazar

Mafia!
Dirigida por Jim Abrams
Universal Video/2002
FEBRERO, 2011. ¿Por qué razón se comenta tan poco que Mafia! es una de las peores películas de los noventa? La razón es fácil de dilucidar, pues Lloyd Bridges, uno de sus protagonistas, falleció a las pocas semanas de concluida la filmación, y no es bueno hablar mal de alguien que ya no está entre nosotros, máxime si se trataba de una cinta que marcaba un lastimoso declive. De hecho Lloyd ya se había acostumbrado a ser una parodía de si mismo, como vimos en
Airplane! (conocida por acá cómo "¿Y dónde está el piloto?"), dirigida por Jim Abrams, el mismo detrás de este abierto atraco a la
inteligencia. En 1980 las bromas y los gags eran capaces de producirnos risas y
entreternos porque eran chascarrillos, bueno, pasables.
No es el caso de esta película, desgraciadamente disponible en DVD. Pero qué necesidad, como dijera Juangas. Uno de pregunta cuál manda hace que los estudios lancen en ese formato películas que, en principio, eran porquerías puras. Los chistes aquí rebasan el mal gusto: imagine el lector la escena de los guionistas mientras preparaban este bodrio: "A ver, ya hemos puesto flatulencias, gente con diarrea, eructos, monjitas haciendo cosas indebidas... ¿qué nos falta? ¡Ah, sí" ¡Hay que poner a gente vomitando". Y esa es, precisamente, la escena que distingue a
Mafia! En El Padrino, donde descaradamente fue inspirada esta cosa, la escena del caballo en la cama es memorable y queda profundamente grabada en el espectador. Aquí, todos vomitan en una boda, lo que ocurre casi al final, quizá como forma de interpretar la sensación de quienes estábamos viendo lo que sin rodeos debe ser considerado detritus absoluto.
Por supuesto que una parodia no podría estar exenta de nombre burlones, pero lo que aquí tenemos rebasa, por mucho, el perímetro de lo ridículo: los Cortino son los protagonistas los cuales, dado el ingenio de los autores del guión, tenían que llevar nombres como Tony y Joey, lugares comunes en toda cinta de mafiosos. La película carece, aparte de buen gusto, de coherencia. ¿A quién se persigue, por qué, qué pitos tiene que ver el patriarca de la familia con que una rubia buenísima esté al mismo tiempo tirándole los perros a su hijo? Reconocemos
que en las comediar debe haber un absurdo, pero éste aquí aparece desde los créditos iniciales hasta que aparece la palabra FIN.
En suma, si con todo lo que le hemos referido decide hacerle al masoquista y acude a rentar
Mafia! le sugerimos adquiera una de esas bolsitas para el vómito que proporcionan en los aviones. Le hará falta.
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