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Payasos sin maquillaje: la mafia del futbol mexicano
Tras la eliminación de México en la Copa América se pensaba que las cosas seguirían igual donde el aficionado seguiría pagando y la Femexfut seguiría defraudando esperanzas pero empieza a darse un giro: la gente han dejado de ir a los estadios, lo cual amenaza incluso la supervivencia de la Liga MX. Si ello ocurre, no hay nada que temer: sería un necesarísimo proceso de depuración dentro del futbol mexicano
OCTUBRE, 2024. Por lo visto la vergonzosa eliminación de México en la reciente Copa América, contrario a lo que habíamos pensado, está presentando sus secuelas: desde entonces se ha agravado la baja asistencia a los estadios por lo que los especialistas predicen el colapso de la Liga MX y con ello el final de un show patético, lleno de vedettes, una ópera bufa que hasta hace poco millones de mexicanos se tomaban en serio.
Ya era hora: durante muchos años --y ya lo habíamos comentado
previamente en fasenlinea-- los aficionados mexicanos le perdonaron prácticamente todo a los directivos y a las televisoras, ya fuera
el inflar las cualidades de "los nuestros" y haciéndonos creer que
la selección mexicana estaba (o era mejor) que sus similares de
Argentina o Uruguay; "solo les falta ganar la Copa FIFA", comentó
hace años un tal Gerardo "Gritón" Peña... sí, nada más
eso, como a ese candidato que únicamente le falta ganar la elección
para ser presidente. Los resultados no se daban y
de cualquier modo la venta de boletos seguía alta en la mayoría de
las plazas. En cambio, hoy ya es una rareza ver estadios llenos más
allá de la mitad.
Por supuesto también ha incidido el aspecto económico: con el tiempo
cala erogar parte
de nuestra sagrada quincena cada 15 días para asistir a un estadio a
ver 22 payasos que detienen las acciones cada 15 segundos por
fáules inexistentes, con marcadores donde abunda el empate o la
diferencia rara vez pasa de los tres goles, algo que termina por
imbuirnos el sentimiento de fraude. Y si por décadas los aficionados
aguantaron estoicamente a esa sarta de fanfarrones fue por el
concepto de que se trata del equipo "de la tierra" y hay
que apoyarlo en todo momento, o la idea, tan absurda como ridícula, de que con cada
juego de la selección nacional, el destino de la patria está en
juego. De nuevo, qué bueno que millones de mexicanos finalmente
estén abriendo los ojos.
De las ligas futboleras existentes en el mundo, la de México ostenta niveles de mediocridad descomunales. Puede suponerse que en las ligas de, digamos, Trinidad, Haití o Panamá, esas potencias de las cuales las televisoras hacen jolgorio cuando son derrotadas por el seleccionado tricolor, se tenga un nivel, digamos regular para que no suene tan feo, pues a diferencia de México, el futbol ahí no es considerado deporte nacional ni maneja montañas de dinero.
La Liga MX es una absoluta mediocridad, y solo basta asomarnos a sus tablas de posiciones, o a ver unos cuantos minutos de actividad en la cancha para comprobarlo. Paradójicamente, es también una de las ligas más caras del mundo; en algunas plazas los boletos alcanzan precios estratosféricos, y ni se diga los abonos, que en la plaza donde se redacta este texto (Santos Laguna) llegan casi a los seis mil pesos por temporada. Y a esos precios abusivos se agregan cosas como le sucedió a un amigo que era abonado, quien refiere que con frecuencia el club cambia a su antojo la fecha de los partidos, los pospone o los reprograma para otra hora.
"Primero los partidos eran los domingos por la tarde, luego los cambiaron los sábados a las 7 y después los viernes a las 9 de la noche, y esos cambios los anunciaban literalmente el mismo día. Los viernes yo no podía asistir por cuestiones de mi trabajo, por eso había comprado el abono para asistir los fines de semana, pero con ese cambio me perdí muchos partidos y perdí mucho dinero. Obviamente el club no me regresó ni un centavo, y hubo veces en que el partido lo cambiaban a las 2 de la tarde un miércoles", dijo mi amigo, en unos comentarios a lo que omití (con su clara autorización) las altisonantes expresadas.
Para colmo, en la temporada del 2017 los árbitros se declararon en huelga y no hubo partidos. "El club primero había dicho que habría reembolsos pero después nos salieron con que si no se pagaba a los jugadores éstos también se declararían en huelga y nunca nos reembolsaron nada. Total, que se chingue el aficionado, es tan pendejo que va a seguir pagando por partidos fantasmas", agregó mi amigo (y esta vez opté por no omitir su certera altisonante).
Afortunadamente mi amigo dejó de regalar su dinero a esa mafia hace tres años, con la pandemia. "Con lo que antes gastaba de los abonos ahora salimos mi esposa y mis hijos a comer a buenos restaurantes, le hemos metido remodelación a la casa, mi esposa y yo hasta tuvimos una segunda luna de miel y todavía nos sobra algo de dinero. Sigo amando al Santos Laguna y me duele mucho cuando pierde, sobre todo con la lastimosa temporada que están teniendo. Pero también me indigna la avaricia de los directivos y de la Femexfut, hay que sacar a esa peste del futbol para que vuelva a ser el bello espectáculo que nos hace sentir rejuvenecidos con tanta emoción cada vez que salimos del estadio".
Traicionados por su propia avaricia
Hasta mediados de los 90 la liga mexicana de futbol profesional, conocida entonces como Primera División, tuvo la ocurrencia de dividir la temporada en dos torneos a los que llamó de apertura y de cierre, y luego liga invernal y de verano, con el agravante que parecían llevar un calendario sudamericano pues en ocasiones la liga invernal comenzaba en junio. Ello se debió a que la gente dejaba de ir a los estados cuando el equipo de sus amores quedaba fuera del área de clasificación. A cambio se modificó la tabla porcentual del descenso de modo que el equipo colero perdía puntos porcentuales que podrían enviarlo a la Segunda División.
La Femexfut determinó que en adelante la final se efectuaría en las dos plazas, algo así como ocurre en el beisbol, con lo cual de ribete aumentaban las ganancias para la liga. Hasta ahí todo bien, aunque todo era un indicio de la avaricia que se cernía sobre el futbol mexicano.
El aficionado aguantó estoicamente todos esos cambios por lo que la Federación se hizo más avariciosa pese a que la división del campeonato en dos torneos mejoró muy poco la calidad del juego en la cancha. Pero si la gente seguía yendo a los estadios pese a que el espectáculo era mediocre y nadie protestaba a aunque cada temporada el costo de los boletos y los abonos subieran por encima de la inflación ¿para qué carajos cambiar la fórmula?
Sin embargo, años después la Federación cometió una pifia monumental: a exigencia de los clubes, desaparecieron las ligas de ascenso y descenso.
Esa decisión, estupidísima, quitaba todo atractivo a la "Primera A", antes llamada Liga de Ascenso, y antes de eso Primera División. Era el equivalente a que se te exigiera apoyar a la selección nacional en las rondas de clasificación aunque se te advirtiera que jamás participaría en un Mundial aunque clasificara en primer lugar. ¿Para qué apoyarla entonces si no hay otra recompensa más allá que un campeonato local?
De ahí en adelante cualquier club podría tener un torneo pésimo sin temer a las consecuencias. La segunda división fue creada, precisamente, para mantener el nivel competitivo de la liga, una cantera donde las futuras figuras se estarían calando antes de entrar a la liga grande, de ahí que por años solamente mexicanos o nacionalizados mexicanos podían participar en ella (luego se abolió esa modalidad; durante un tiempo la liga se llenó de extranjeros en decadencia pero más tarde la mayoría se fue cuando los clubes de ese circuito no podían costear sus exigencias salariales dadas sus reducidos presupuestos).
El descenso ofrecía también un proceso de depuración; si querías permanecer en Primera División, estabas obligado a invertir en buenas contrataciones, en arriesgar; el descenso garantizaba que solo los mejores estarían en la Liga y que los recién ascendidos podían enriquecer el espectáculo al tiempo que los descendidos, ya con la lección aprendida, estaban igualmente obligados a jugar mejor en su nueva oportunidad.
"El ejemplo lo tuvimos con equipos como Necaxa o Atlante, que habían descendido y cuando regresaron a Primera División incluso conquistaron campeonatos", refirió mi amigo al abordar el tema, "la decisión pendeja de eliminar el descenso mató todo mérito en el futbol mexicano y ya estamos viendo las consecuencias".
¿Para qué iban a esforzarse los clubes de esa liga si al campeón se le cerraba la oportunidad de ascender y jugar con los grandes del futbol mexicano? Del mismo modo ¿que incentivo se daba a lo aficionados de esos equipos al quedarse sin la posibilidad de tener a domicilio a equipos taquilleros como América, Chivas o Monterrey? "Hoy se antoja más asistir a los partidos de la liga bancaria o la llanera donde el futbol que se juega ahí suele ser de mejor calidad", dice mi amigo.
Pero entonces brotó otro aspecto que ni la avariciosa Femexfut, ni Televisa, ni Azteca ni los anunciantes habían previsto: mientras el futbol mexicano se hundía en la mediocridad, el futbol de otros países se fue al alza.
Todos recordamos cómo, todavía en los 80, los "nuestros" aplicaban sendas golizas a la selección norteamericana y derrotar a los otros equipos de la Concacaf era mero trámite donde solo cosas como el "desastre de Haití" de 1974 o el "cachirulazo" 14 años después evitaron que México asistiera a un Mundial. Pero hoy apenas y se puede empatar con los "chicos", o se pierde vergonzosamente, como es el caso de Venezuela,
Y los mexicanos ciertamente aguantamos humillación tras humillación, de otro modo no habríamos tenido 70 años de PRI en la presidencia, pero por fin la paciencia se ha colmado debido a la eliminación de México por Venezuela donde por lo visto el futbol es lo único que ha avanzado dentro del nefasto chavismo-madurismo. La humillación fue doble pues la derrota se dio en una plaza consentida de los aficionados mexicanos en Estados Unidos y donde el 90 por ciento eran mexicanos. (Hubo venezolanos que fueron agredidos por celebrar sus goles: nada hay más indignante para un fanfarrón que exhibirlo como un mediocre... también hay payasos sin maquillaje en las gradas).
Desde entonces se desencadenó un boicot convocado en las redes sociales y que parece está funcionando. Los aficionados no estpan yendo alosi estadios, lo cual ha repercutido en los ingresos de la Femexfut mientras los publicistas están viendo que las ganancias ya no son las mismas.
Previsiblemente, el boicot está teniendo más fuerza entre la afición mexicana establecida en Estados Unidos, con un poder adquisitivo en dólares y cuya ausencia de los partidos efectuados allá pudiera ser devastadora para la Femexfut
El asunto ha llegado al punto que se teme que la Liga MX se encuentre en peligro de supervivencia. De nada ha servido que Javier Aguirre, sin duda uno de los mejores técnicos que ha tenido la selección en su historia, esté de vuelta en la dirección técnica. Y es que la afición finalmente se ha dado cuenta que el problema no radica enteramente en la designación del técnico sino en los cabecillas de la Femexfut y las televisoras los cuales por décadas se la han pasado ofreciendo figurillas de lodo a precio de porcelcana. Se está cumpliendo aquella máxima donde alguien que alza la voz y denuncia es alguien que forma un coro.
La afición mexicana la ha perdonado mucho, muchísimo, a estos payasos sin maquillaje que lo mismo infestan las oficinas de la Femexfut, las televisoras tanto de señal abierta como de cable, que las salas de redacción de los periódicos y los clubes. Por décadas esa gentuza ha acumulado gigantescas fortunas promoviendo la mediocridad de un deporte maravilloso creado para ensalzar el mérito tanto en forma colectiva como individual y un deporte que ofrece un brillo gigantesco pero efímero a sus figuras para que éstos no tarden mucho en ceder su sitio a las nuevas generaciones.
Son la avaricia de los directivos, de los clubes y del gran poder económico los que hacen todo lo posible para impedir que el futbol desarrolle ese proceso donde el triunfo individual, representado hoy en un Messi, sea al mismo tiempo un triunfo colectivo, representado en todo el equipo. Esa interferencia es la responsable de que tengamos un futbol mediocre, llanero, una sarta de payasos que no desean que el deporte realice su propio proceso de depuración y renovación, que los incluye a todos ellos.
¿Qué mejor prueba del deprecio que le ienen a la afición y solo buscan sus propios intereses cuando mataron el mérito en el futbol mexicano, que era el descenso y el ascenso?
Desafortunadamente, los mexicanos le hemos seguido el juego a estos payasos sin maquillaje, esperanzados en que un día ocurriera el milagrito de pasear la Copa FIFA por el Paseo de la Reforma. Finalmente estamos descubriendo el fraude. Ahora toca pegarles donde más les duele, sus ingresos económicos, y si es necesario que la Femexfut se desplome, no problem. Algo bueno deberá salir de todo ello.
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