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La prensa y la selección mexicana: a poner la basura en su lugar

Lo de siempre: enormes expectativas que se derrumban ante la realidad al tiempo que televisoras, publicistas y directivos hacen dinero vendiendo un futbol sobrevaluado y mediocre. La vergonzosa eliminación en la Copa América nos orilla a la conclusión: es hora que los mexicanos busquemos un nuevo deporte nacional

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JULIO, 2024. Hay ejemplos que nuestros atletas están dando en la sociedad mexicana: pese a las críticas, muchas de las cuales apenas y esconden un endémico racismo, Alexa Moreno acaba de ganar la medalla de oro en el Mundial de Gimnasia, esto el pasado primero de junio. Ninguna otra gimnasta mexicana había llegado tan lejos como lo ha hecho la oriunda de Mexicali.

El de Alexia Moreno es un ejemplo de superación en el deporte mexicano, pero podemos asegurar a los lectores que sus ingresos económicos están muy lejos, más que remotos, de los que perciben esos payasos vestidos de verde que dicen representar a la selección mexicana. Si ya tenemos claras muestras de mexicanos que destacan a nivel internacional en el golf (Lorena Ochoa), automovilismo (Checo Pérez), boxeo ("Canelo" Álvarez), beisbol (en Grandes Ligas hay 25 peloteros mexicanos, entre ellos Isaac Paredes y Randy Arozarena) y ya ni se diga el talento que México ha aportado al mundo en la música, la literatura y el cine.... tenemos sobrados ejemplos de que los mexicanos sabemos hacer bien las cosas.

Preguntamos ¿no sería ya hora de mandar al carajo al futbol y escoger otro deporte nacional que nos dé satisfacciones?

¿Por qué seguimos apoyando a una selección mediocre e históricamente perdedora? ¿Por qué seguimos comprando boletos para apoyar a una selección que nos queda mal, que nos promete que ahora todo será diferente, que es inflada hasta la náusea en las barras comerciales, que es ensalzada como si estuviera al mismo nivel que la selección argentina o la italiana pero que su nivel real ya ha sido rebasado hasta por la misma Venezuela?

Quien le apuesta al caballo perdedor una y otra vez --corrijamos: al payaso perdedor, los equinos suelen brindar mejor desempeño-- no merece el apelativo de inteligente. Quizá se deba a la creencia, por lo demás cuestionable, de que con cada partido de la selección se juega el orgullo patrio; ya ven cómo Hugo Sánchez en cierta ocasión se aventó la estupidez de decir que quien no apoyaba a la selección era un traidor a la patria.

O tal vez todo se basa en imitar el sentimiento de orgullo y pertenencia que la selección de futbol suele provocar entre los hinchas brasileños, argentinos, británicos y alemanes. En tal caso la pertenencia sería relativa: a diferencia de aquellos seleccionados, los "nuestros" jamás han ganado una copa del mundo. Queremos sentirnos parte de ese club de ganadores pero carecemos del pase de ingreso. O como hace años dijo un comentarista mexicano: "somos iguales o mejores que ellos, solo nos falta ganar la Copa del Mundo", es decir, yo soy tan millonario como Elon Musk, solo me falta tener mucho dinero como él.

La reciente descalificación de la selección mexicana en la Copa América refleja un negocio que recibe millones de dólares pero que no los traduce en calidad, es decir, que refleja una estructura corrupta. Quizá desde la eliminación del seleccionado en el Mundial de Argentina 78, ése del "le ganamos a Camerún, empatamos con Polonia, perdemos con Alemania y pasamos a la siguiente ronda", no había habido una reacción tan visceral contra el seleccionado el cual, para colmo de coraje para miles de mexicanos, fue eliminado en Estados Unidos, y peorcito todavía, en el mismo Los Ángeles, la cuarta ciudad con más mexicanos en el mundo.

Dice el historiador Juan Miguel Zunzunegui que un país que está cimentado en mentiras se derrumbará una y otra vez por más que intente avanzar. Y eso es precisamente, parte de nuestra historia como país, lo que ocurre con la selección mexicana, el problema es que a nadie s ele ha ocurrido cambiar las mentiras por cimientos más sólidos.

En sentido futbolístico, por décadas se nos ha vendido la farsa de que tenemos una selección ganadora, triunfadora a la que los demás países del área (por supuesto de Panamá para arriba) deben rendir pleitesía; las demás son selecciones pequeñas, apenas unos meros escalones que se deben escalar para calificar al Mundial. Nadie se arriesga a aceptar la realidad, esto es, que nuestro desempeño futbolista ha sido históricamente mediocre y cuando logramos llegar un poquito más lejos, al momento de enfrentar la verdad (¿coincidencia?) hacemos el ridículo y todo el trabajo precio se derrumba con estrépito.

Dado que hemos construido la mentira de un equipo triunfador, ganador, pero cuando es hora de demostrarlo caemos derrotados tras lo cual, nuevamente incapaces de enfrentar la realidad, acudimos a las excusas, a culpar a los demás de nuestra propia mediocridad: perdemos por culpa del árbitro, porque hacía mucho calor, porque hacía mucho frío, porque estaba lloviendo, porque no había llovido en días, porque el público nos odiaba --situación que ocurre a todo equipo que juegue como visitante, por cierto-- porque el portero tenía el sol de frente, porque lo tenía detrás suyo, porque el pasto estaba en malas condiciones, porque el recibimiento que nos dio la afición contraria era hostil (lógico: ¿esperaban aplausos?), porque la comida del hotel enfermó del estómago a los jugadores, porque nos conquistaron los españoles, porque el desgraciado Hernán Cortés se robó nuestra riquezas, porque la Malinche traicionó a los suyos, porque los gringos nos robaron más de la mitad del territorio, porque Porfirio Díaz impuso una dictadura, porque Salinas reprivatizó Pemex, fue un  porque el abanderado marcó un fuera de lugar inexistente... y la excusa más excelsa, más sobada qir sobada que vientre del Buda: "no fue penal".

O más bien, esta vez en la Copa América sí fue penal, el cual falló México y al final marcó su derrota contra Venezuela ante lo cual el "comentarista" Álvaro Carillo, de ESPN, advirtió a los venezolanos que "ustedes ganaron porque México falló el penal", excusa propia de pendejos superlativos, equivalente a decir que un candidato perdió porque obtuvo menos votos, de lo contrario ¡qué chinga les habríamos metido!

Por supuesto --y algo realmente asombroso, tratándose de gente que vive de narrar partidos de futbol y opinar sobre ellos-- el equipo que gana es el que anota más goles, no el que juega más bonito, el que tiene al 90 por ciento de los aficionados de su lado ni el que tiene detrás suyo a las televisoras y a los emporios comerciales. Asimismo, el equipo que gana suele ser el que se preparó mejor, el que diseñó una estrategia más efectiva y, sobre todo, el que gana es el equipo que se plantó mejor frente a la cancha. Es algo tan obvio, casi una perogrullada, pero los comentaristas mexicanos, tan soberbios como ridículos, son incapaces de entenderlo.

¿Realmente cree el lector que los roedores verdes se prepararon antes de su partido con la selección de Venezuela? Lo mínimo, la consideraban una escuadra que apenas y sabía que el balón debe patearse y no darle con el bat, un equipo formado con jóvenes que suelen jugar futbol en la barriada y al que juntaron dos días antes de iniciar la Copa América.¿Para qué prepararse, para qué entrenar si vamos a jugar contra un flan al que antes de finalizar el primer tiempo le habremos anotado mínimo cuatro goles?

Con frecuencia olvidamos que hace apenas tres décadas, México solía golear a la selección de Estados Unidos pero hoy batalla para siquiera sacarle un empate, ya no digamos ganarle. Más aún, en el Mundial de Francia, la selección norteamericana, representante de un país donde el futbol no es siquiera el deporte oficial, donde pese a haber contratado a Pelé, a Beckenbahuer, a David Beckham y recientemente al mismo Messi el futbol no "prende" con una selección local, quedó arriba de México en la tabla de posiciones.

Igualmente ¿hasta hace cuándo México goleaba a las selecciones de Jamaica, de Trinidad, de Panamá o de Costa Rica? Hoy sufre lo indecible para siquiera empatarles; en la Copa América donde apenas y le pudo anotar un gol a la "débil" selección de Jamaica, país donde el futbol ni siquiera es el deporte oficial.

Por esas razones, es momento de dejar de pensar que con cada juego de "los nuestros", la patria está jugando su destino. La patria está muy por encima de de once payasos dirigidos por un técnico timorato sometido a los deseos de cierta televis(or)a. En segundo lugar ¿no es hora de apoyar a otros deportistas? Como decíamos al principio, el talento mexicano sobra, y lo estamos viendo en atletas como Alexia Moreno, quien no cobra ni el 5 por ciento de lo que percibe Jaime Lozano, el técnico tricolor.

¡Ah, pero eso sí! Estados Unidos, el anfitrión, también fue descalificado de la Copa América y los "comentaristas" arremetieron contra el vecino norteño: "un verdadero ridículo", "se cayeron de su pedestal los gringuitos", "esos sí que jugaron pésimo" y blá blá blá. Otro consuelo pendejo: nos chingaron opero no somos los únicos, ya ven como a otros los chingaron peor".

Nadie de nosotros permitiríamos que al basura se acumule en nuestro hogares y la depositamos en el bote de los desperdicios. Debemos hacer lo mismo con las televisoras y con una selección podrida hasta sus cimientos.

 

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