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LITERATURA/Libros

Recomendabilísimo: Generación Idiota, de Agustín laje
Agustín Laje, un brillante analista argentino, se ha echado
la encomienda de desenmascarar a la llamada "nueva"
izquierda y a las jaurías woke que buscan establecer en el
mundo una dictadura del pensamiento, esta vez protagonizada
por una mentalidad adolescente e inmadura aunque eso sí, con
gran poder económico. Generación Idiota es de esos libros
que, desde ya, se antojan antológicos
Versión impresión
MARZO, 2023.
En nuestros tiempos, decir que alguien es de "extrema
izquierda" es asociado con el progresismo, con "aquelles"
que quieren realizar profundos cambios sociales, quien desea
mejorar a la humanidad. Pero si a usted se le tilda de
"extrema derecha" es entonces un émulo de Hitler, un
Pinochet en potencia. Nadie se ha acordado, o más bien ha
querido recordarlo, que sátrapas como Stalin y Mao, cuya
ideología era claramente de extrema izquierda y hasta se
ufanaban de ello, causaron miles de muertos y destruyeron la
creatividad de millones de seres humanos simplemente porque
tenían una manera diferente de pensar.
Algo que me dio gusto es que Ana Eugenia, una gran amiga
mía, tuvo oportunidad de asistir a una de las conferencias
que Agustín Laje ofreció en Guadalajara y el lleno fue
total. Igual sucedió en Zacatecas donde un grupo de
feministas declararon a Laje "persona non grata" y sentían
que estaban haciendo la revolución quemando un monigote con
la figura de este escritor argentino... ¡argentino y
libertario de derecha! ¿quién hubiera imaginado que de ese
país saldría una combinación así?
(Por cierto, de ese querido y admirado país austral se nos
aguarda una sorpresa: Javier Milei, un tipo de ojos
desorbitados que no acostumbra peinarse pero quien posee una
aguda inteligencia que invariablemente deja en la lona a sus
enemigos progre, lidera las encuestas para las
próximas elecciones en Argentina).
"Apenas y cabía gente en el lugar, y muchos más quedaron
fuera", me comentó Ana Eugenia, "el que tanta gente vaya a
ver a Agustín es un signo de que no todo está perdido en
América latina y que las cosas pronto tendrán que cambiar".
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De hecho fue Ana Eugenia quien me acercó a la obra de
Agustín Laje. Conseguir su libro, llamado Generación
Idiota, no fue fácil: como sucede en otros países, así
como en los cines que actualmente solo ofrecen en su mayoría
porquería ideológica woke, las librerías se encuentran
igualmente saturadas de basura doctrinaria disfrazada de
entretenimiento. Finalmente encontré esa edición en las
librerías Ghandi. Hoy puedo decir, que Agustín Laje se ha
convertido en uno de mis autores favoritos.
El calificar de idiotas a los izquierdistas que se tragan el
curso progre sin siquiera compararlo con la realidad
no es asunto nuevo: ya en los años 90, Carlos Alberto
Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa
publicaron el Manual del Perfecto Idiota y aunque ese
libro era corrosivo y con prosa impecable despedazaba las
tonterías que la izquierda maneja como dogmas intocables, el
mensaje fue perdiendo vigencia, sobre todo con la idea, que
luego vimos era errada, de que Michelle Bachelet o el
Partido Demócrata norteamericano conformaban lo que sus
autores llamaban "izquierda carnívora". Luego vimos que no:
la expresidente chilena y los demócratas han provocado un
enorme daño a la estructura económica y social de ambos
países. Por ello, esta "actualización" de Agustín Laje era
necesaria, urgente.
El mundo actual, apunta Laje, vive un "adolescentrismo", es
decir, se encuentra totalmente dominado por la mentalidad
de un adolescente egocentrista: políticos caprichudos que dicen cosas
insensatas o cuestionan valores que hasta hace poco nos
parecían obvios, odio a la estructura familiar, al asumir
responsabilidades y odio a afrontar las consecuencias de
nuestros actos.
Nuestros políticos, en especial los más veteranos, están
viviendo una segunda adolescencia; Donald Trump
contonéandose y retando a todo mundo como el bravucón de la
prepa, Joe Biden incapaz de decir una sola vez "lo siento,
me equivoqué", los simpatizantes de Podemos en España,
organizando protestas porque alguien se refiere a ellos con
el pronombre equivocado igual que el adolescente que insulta
a quien tiene gustos musicales distintos a los suyos, o bien
suponer que el mundo será más justo y equitativo porque una
película, chafa o una canción mediocre tenga éxito (y si
fracasan, por supuesto, se debe a la intolerancia),
cineastas, escritores, literatos y músicos que hoy reniegan
y abjuran de lo que hicieron en el pasado --aunque no tanto
como para renunciar a las regalías que esos trabajos les
siguen produciendo... ¿verdad, Zemeckis y Spielberg?-- "como
ese adolescente que repudia el hecho que en su niñez se haya
divertido con juguetes o con muñecas", escribe Laje.
El adolescentrismo pareciera gracioso en la superficie pero
no lo es tanto, advierte Christopher Chantrill de
theamericanthinker.com, cuando ese adolescentrismo
marca el rumbo del "discurso" mundial. Abunda Laje: "Hoy
tenemos niños de 10 años que apenas están tomando conciencia
de su identidad, a los que se empuja al mundo de los
adolescentes e incluso de los adultos, etapa para la cual
todavía no están emocionalmente preparados; es la obsesión
de que todos tengan una mentalidad adolescentes, ansiosos
por 'romper las reglas', muchas veces sin medir las
consecuencias".
Efectivamente: Y esa es la misión de las "hades madrines",
sujetos que de ser trasvestistas pasaron a considerarse a sí
mismos mujeres y que hoy incluso visitan las primarias en
los Estados Unidos y Canadá para supuestamente contar
historias infantiles, "pero cuyo fin es llevarlos al mundo
que afecta profundamente su estado emocional", escribe Laje.
Laje señala que el mundo del entretenimiento sigue "como un
guión, una obsesión", el lineamiento del pensador italiano
marxista Antonio Gramsci en el sentido de utilizar los
medios masivos de comunicación como elementos de promoción y
propaganda para paulatinamente ir destruyendo los valores
tradicionales a los que Gramsci consideraba eran una
imposición: "es el mismo principio goebbeliano de que una
mentira dicha mil veces pasa a convertirse, más que en
verdad, en un dogma", afirma Laje.
"El mensaje donde todo lo que es visible es válido y
necesario mientras de lo que se habla poco es malo, el
juzgar como nocivo un planteamiento, una opinión aun antes
de escucharlos, es propio de una mentalidad adolescéntrica
(...) vivimos una generación donde lo que conocemos como
doble moral carece de valor en el entendido que esos valores
los impuso la sociedad opresora", dice Laje.
Asimismo y como bien ha afirmado Laje en varias de sus
conferencias, la generación idiota reacciona en base a sus
sentimientos por encima de la razón, de ahí que si yo siento
que el capitalismo está provocando un grave daño al planeta,
mis sentimientos se impondrán a la evidencia, a la realidad
que demuestra fehacientemente que el capitalismo ha sido el
motor del desarrollo de la humanidad desde mediados del
siglo XIX con el nacimiento de la Revolución Industrial. "El
elemento principal dentro de la guerra cultural radica en
las percepciones, es decir, lo que siento es lo que veo, y
no en el sentido inverso", señala Laje". La gran paradoja
--"y que no preocupa a la izquierda en lo absoluto",
establece Laje-- es que se busca la destrucción de los
llamados "valores impuestos" imponiendo otros valores.
"Por supuesto que a esta negación de la realidad, que se
niega porque se le ve como un valor impuesto, hay que
ponerle un apelativo para identificarla y ese mote es el de
justicia social, nombre con el cual el socialismo
trasnochado y fallido se disfraza actualmente", apunta Laje.
La imposición de valores se enfoca "dentro de una manera
brutal, obsesiva incluso", en la industria del
entretenimiento. Veamos el caso de Bad Bunny, de quien Laje
señala: "se le asume como un 'revolucionario' pero cuyas
letras hablan de maltrato a las mujeres, de tomarlas como
meros objetos y sin embargo muchas feministas aplauden su
actitud simplemente porque se declaró no binario. Esto habla
del enorme grado de confusión provocada por el relativismo
moral que alimenta a la generación idiota".
Hay mucho que hablar, de hecho muchísimo, respecto a este
libro. Agustín Laje es uno de los grandes y hay que leerlo.
Una de las soluciones que propone este brillante argentino
es, escribe, "dejar de sentir vergüenza por asumirse de
derecha; en Argentina Javier Milei rompió el paradigma y
aceptó públicamente como de derecha con un discurso que
denuncia la torpeza, la ineptitud, la corrupción e incluso
la maldad de las izquierdas, y hoy lidera las encuestas en
Argentina para elegir al próximo presidente. Debemos tener
en claro que la izquierda nunca congeniará con nosotros:
Mauricio Macri quiso ganarse a la izquierda pero fue
despedazado y lo mismo sucedió en Chile con Sebastián
Piñera. Debemos enfrentar la guerra con la izquierda a base
de argumentos comparados con la realidad, no con los
sentimientos, que es un modo subjetivo pero muy conveniente
de juzgar las cosas y por tanto evita todo debate, el cual
es precisamente el punto más débil de todas las teorías
izquierdistas", establece Laje.
Y aunque parece una batalla perdida, el escritor argentino
establece que "esa no es mi postura, de ser así habría
preferido seguir siendo un idiota, término cuya acepción
real y que viene de los griegos es la de alguien que se
abstiene de participar en la arena política. Lo que mantiene
esta batalla es un principio inalterable: la realidad
siempre terminará por imponerse. Todo imperio construido en
mentiras, en percepciones falsas y en conceptos dogmáticos
al final se derrumba; la historia nos ha demostrado que no
hay excepciones en ese sentido".
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Un fallecido escritor inglés innovador en darnos historias
que cautivaban a los niños al tiempo que divertían a los
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lo que convirtieron en basura para que los
wokes no se
ofendan y se orinen en sus camas luego de leerlas. Otro
ataque artero dado que el autor de esas obras ya no puede
defenderse
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