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Porqué nunca habrá otro Ozzy Osbourne en el mundo del rock
Este mítico rockero vivió con sus propias reglas, jamás pudieron cancelarlo y se burlaba de sí mismo sin perder el respeto de los fans que lo veneraban. En otras palabras, Ozzy Osbourne fue parte de esa especie de figuras públicas que ya no hay, políticamente incorrectas y jamás acobardadas por la reacción de los demás. A causa de ello, el deceso del autoproclamado príncipe de las tinieblas causó tanta repercusión
AGOSTO, 2026. Al igual que
Chabelo,
hay personajes que pensamos serán eternos hasta que la realidad
llega para pedirles cuentas. Uno de ellos fue Ozzy Osbourne:
¿cuántos de nosotros pensamos que era indestructible luego de tantos
excesos, tantos pasones, tantas crudas y tantos químicos que el
nacido en Birmingham consumió a lo largo de su vida? El hecho de que
haya existido 76 años en este planeta luego de una vida tan agitada,
dan muestras que el señor Osbourne tenía resistencia de caballo;
quizá de haber habido una hecatombe nuclear, Ozzy habría
sobrevivido.
A menos que usted haya estado escondido o viviendo en una isla de la
cochinchina, no estará enterado que el 22 de julio Ozzy Osbourne
falleció, esto a las pocas semanas del concierto final de Black
Sabbath en Birmingham, ciudad que también vio nacer a grupos como
The Moody Blues, Electric Light Orchestra, Steve Winwood y el ex
Wing Denny Laine. Esa quizá ha sido la pérdida más grande en el
mundo del rock este 2025, sin olvidar, naturalmente, a Brian Wilson,
fundador de los Beach Boys.
Pero dentro de la alharaca y el trending topic que se armó
tras la muerte del autonombrado Príncipe de las Tinieblas, hubo un
aspecto simbólico: la importancia que para millones de personas en
este mundo tiene el pasado. Porque la muerte de Ozzy no solo trajo
las memorias musicales sino aquello de lo que alguna vez vivimos
muchos de nosotros, en especial quienes pasamos del medio siglo de
vida y de cómo esa generación fue, lo dijo Mick Jagger,
"irrepetible, incluso contra nuestra propia voluntad".
El último concierto de Black Sabbath dejó en claro que, aunque con
sus facultades claramente disminuidas, los cuatro miembros del
grupo, incluido un Ozzy Osbourne que ya no podía mantenerse en pie,
pueden patear el trasero a los pseudo rockeros contemporáneos,
incluido Jack White.
Por ello la pérdida de Ozzy a los pocos días fue también vista como
la lenta pero imparable muerte del talento en este planeta. Y es
que, a menos que grabe un disco de soberbia calidad, es dudoso que
Justin Bieber recibirá una despedida igualmente tumultuosa cuando
deba rendir cuentas.
Aún quienes son un tanto reacios al hard-rock, o más específicamente
el heavy metal, deben reconocer que Black Sabbath poseía talento a
borbotones. Y lejos de la idea preconcebida absurda de que el género
se limita a una serie de escándalosos riffs de guitarra,
cantantes gritones y golpes de batería dados más a fuerza de coraje
que de fuerza, Black Sabbath también manejó riffs de jaz rock
envidiables y armonías que dejaban en claro que el metal de Black
Sabbath no podía ejecutarse sin tener destreza y amplios musicales.
amplios.
Quien no esté empapado del blues y de
la fuerza motora del jazz electrificado, el requinteo o carezca una
voz tan entonada como potente, nada tiene qué hacer en el mundo del
hard rock y del metal. Se podrá acusar de todo a Ozzy Orsbourne (y,
por supuesto, a su compañero Tommy Iommi) menos de ser simplones o
atarantados copiones. Por eso y al aparecer su cuarto álbum, Black
Sabbath ya eran considerados maestros del género, no al lado de Led
Zeppelin, que no era precisamente heavy metal, pero sí con otros
gigantes del rock británico, ya sean Deep Purple, Nazareth y Uriah
Heep.
Sin embargo y de algún modo, Black Sabbath siempre se manejó aparte;
incluso cuando Ozzy Osbourne fue echado del grupo y se le suplió con
Ronnie
James Dio, otro gigante del rock que nos abandonó
tempranamente, el grupo mantuvo una personalidad única.
Lo que revivió los ánimos de Ozzy tras su despido fue su encuentro
con Rhandy Rhoads, a quien contrató cuando su mente estaba saturada
de anfetaminas. La química con el joven guitarra fue instantánea: el
contraste con Rhoads era antipódico, un bien chico que rara vez consumía drogas
pero fumaba cigarrillos en cadena, asistía puntualmente a las
sesiones y se mantenía en constante contacto telefónico con su
madre. El accidente aéreo donde Rhoads perdió la vida marcó el
momento post Sabbath más duro para Osbourne, quien se atiborró de
drogas los días siguientes para aminorar la tremenda pérdida.
Y aunque jamás ganará un concurso de simpatías y hasta se le ha
comparado (absurdamente) con
Yoko Ono,
si Ozzy Osbourne duró más años en este mundo se debió a Sharon
Arden, la hija de su mánager durante los años de Black Sabbath y con
quien contrajo matrimonio en 1982, luego de convertirse ella misma
en su mánager. Sharon posee un olfato envidiable para cerrar
lucrativos contratos, es más dura que su padre para negociar, y está
obsesionada con el orden administrativo. Adicional a ello, Sharon se
echó a cuestas enderezar la caótica vida del cantante. Por ello Ozzy
no mentía cuando dijo "sin mi Sharon, hace tiempo yo ya estaría
muerto".
Con el paso del tiempo y tras la salida de James Dio de Black
Sabbath, el destino le dio la razón a Ozzy Osbourne, quien conseguía
enormes éxitos con álbumes como el magnífico No More Tears
mientras su antiguo grupo iba en caída libre.
El ocaso de los irreverentes
La pérdida de Ozzy Osbourne dolió porque sabemos que pasarán muchas
décadas para tener otra generación de músicos, escritores y actores
que vivieron su vida despreocupados por el qué dirán. Cierto, muchas
veces todos ellos irritaron a las "buenas conciencias" pero también
hicieron otro tanto con los "progres" y no les importaba ofenderlos
en absoluto, ni mucho menos pedían perdón tras decir algo
supuestamente indebido.
En los años posteriores a sus excesos, Ozzy aceptó su
responsabilidad pero enfatizó que "simplemente estaba yo
cumpliendo la máxima sexo-drogas-rock-and-roll"; escribió canciones
antibelicistas como "Pigs of War" pero nunca se puso a pontificar
frente a su público, lanzó discos que referían al satanista Aleister
Crowley pero luego reconoció que (en Black Sabbath) "éramos
incapaces de conjurar una flatulencia".
Su propia leyenda jamás se le subió a la mente y no le importó la
opinión de quienes lo consideraban una figura reverenciada cuando
Osbourne participó en su propio reality show donde, lejos de ser el
príncipe de las tinieblas, Ozzy se manifestó como un padre de
familia incapaz de predicar a sus hijos con el ejemplo.
Ozzy Osbourne vivió como se le pegó la gana, un logró enorme para
alguien que nació en una familia numerosa e hijo de un obrero cuyo
nivel de vida rozaba la pobreza. E igualmente vivió así, quizá
sabedor que a quien tendría que rendir cuentas era a un Ser Superior
y no a los humanos que crearon las leyes que tantas veces trataron
de castigarlo. Las figuras actuales de la música se han convertido
enm títeres del poder económico liberal que si bien se la pasa
insultando al cristianosmo --algo que Ozzy también hacía, no lo
olvidemos-- son incapaces de expresar sus propias ideas: todos ellos
son parte de una maquinaria que les dicta qué decir, qué hacer, cómo
comportarse.
Hace días el legendario
Roger
Waters criticó a Ozzy Osbourne afirmando que "no
me importa (Ozzy), no me interesa Black Sabbath, nunca me interesó".
No parece ser una idea compartida, máxime porque el ex bajista de
Pink Floyd hace rato cayó en la intrascendencia y sus trabajos
solistas han sido mayoritariamente ignorados. Y es que, a diferencia
de Ozzy, el indiscutiblemente talentoso Waters se casó con una causa
y cada vez esconde menos su antisemitismo.
Ozzy Osbourne era parte de esa generación irreverente donde
participabas en un proyecto luego que se te garantizaba mantener tu
propia identidad, una generación a la que pertenecieron cineastas
como
Robert Altman y
Milos Forman --Quentin Tarantino quizá sea el
último de esa camada--músicos como
Alice Cooper,
Mike Olfield y
John Lydon. Esa generación de irreverentes poco a poco ss está
esfumando de escena y el perfil de sus potenciales sucesores no
parece ser el más emocionante. desafortunadanmente, el panorama
parece ocurrir en todo el mundo: no se ven los sucesores, digamos,
de Julio Iglesias, vamos, ni siquiera su hijo Enrique.
Por ello, la desaparición física de Ozzy Osbourne ha sido tan
discutida. No sabemos si su morada actual son las tinieblas o si hoy
habita un sitio que él jamás imaginó. Pero lo vamos a extrañar....
nuestra pérdida aquí fue una ganancia allá.
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